01/07/2022
08:31 AM

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Rendir cuentas

    El rendimiento de cuentas es en nuestro país una asignatura que no logra llegar al mínimo de aprobado. Sigue en el nivel de aplazado con el respaldo de quienes dictan prórroga tras prórroga y por enésima vez enmiendan la ley para ellos mismo, convirtiéndose en juez y parte en materia en la que debieran, como en la corrupción, recibir una respuesta firme y pronta, pues si no hay conciencia en el camino de la prevención, por lo menos, que haya represión, no impunidad, a quienes no cumplen con la ley.

    Como en otros muchos casos se premia la irresponsabilidad y a sus autores se les dota del beneficio de prórrogas para cumplir cuando la atención debiera recaer sobre las personas responsables y hacia ellas dirigir las rebajas en el pago o la facilidad en los trámites. Pero no, hay prórroga en la entrega de placas y aún así va acompañada de amenaza.

    Lo de la entrega del Documento Nacional de Identidad es otra evidencia de lo mucho que queda para el día después.

    ¿Rendir cuentas? Muchos de los honestos ciudadanos integrantes de las planillas electorales dejan para cuando san Juan baje el dedo el informe de sus recursos económicos de la campaña exigido por la Unidad de Política Limpia. Más de uno le negará al pueblo conocer el monto de lo invertido poniendo en duda su origen y no pocos aceptarán y pagarán la multa para obtener la solvencia, el finiquito, salir de la lista de morosos, darse su tratamiento de maquillaje y estar listos para la próxima.

    Hasta el vencimiento del plazo para dar las cuentas ni la mitad de los candidatos, muchos de ellos elegidos para desempeñar cargos de elección popular no han mostrado el informe de los recursos empleados en la campaña política lo que hace crecer la duda sobre la limpieza en las tareas proselitistas. Después, como arma política nada más, llegarán los señalamientos.

    Si arriba no hay signos de cambios personales en el campo de la ética y la legalidad todo lo que se prometa serán palabras al viento sobre todo cuando la sociedad carece de voluntad para exigir decencia en la conducta y se guía por el sectarismo político.

    A ello habrá que agregar que la fuente de la ley, Poder Legislativo, ya tiene ruta marcada a lo que hay que añadir aquello de la trampa y la ley. El Poder Judicial muestra su fuerte “renquera” y del Ejecutivo se tira línea. La política limpia no acaba de pasar el umbral de la transparencia.