Ahora que han comenzado oficialmente las campañas políticas de las distintas fuerzas que integran el panorama electoral es indispensable, podemos decir urgente, que cada uno de los partidos, los históricos y los de reciente fundación, entiendan que la coyuntura que el país atraviesa no les da mayor “libertad de maniobra” y más bien exige que actúen con suma responsabilidad cara a los desafíos que la realidad presenta.

Cada candidato, cada partido debe, en primer lugar, recordar que la situación sanitaria es grave, que promover aglomeraciones u organizar actos masivos sería una muestra de inconsciencia y una ingratitud para todos aquellos trabajadores de la salud, que no son pocos, que han ofrendado su vida para poder brindar los servicios necesarios a los enfermos de covid que han acudido a los distintos lugares en que aquellos se prestan. Además, cada vez hay menos hondureños que no hayan perdido a un familiar, a un amigo, a un conocido, en el curso de los últimos meses. Que un candidato, que un movimiento político ignore semejante tragedia y, a pesar del drama sanitario que seguimos viviendo, convoque a concentraciones multitudinarias, no sería más que una demostración de desinterés en la salud pública y en la de cada uno de sus seguidores.

Y, tan importante como lo anterior, por el bien de esta Honduras debe desarrollarse una campaña de verdadera altura y en la que no se dé lugar a los insultos, a las detracciones, a las descalificaciones. Deben desterrarse del suelo patrio las siembras de odio, que, al final, no dan frutos más que de división, de enemistad, de desconfianza. Resulta inverosímil que, entre hondureños, hijos de la misma nación, hermanos, en fin, no pueda darse un diálogo sincero, sereno, libre de ataques. Si el objetivo de llegar al poder es el de construir, ¿por qué la actitud destructora para con el otro?, ¿por qué no reconocer en él al hermano que busca el bien de la patria?

Noviembre no debe ser esperado como el mes de la “batalla final”. Si hacemos un análisis serio y objetivo de los posibles resultados de las elecciones del 28 de ese mes, caeremos en cuenta que ninguno de los cuatro candidatos con posibilidades de ganar arrasará en ellas y que deberá gobernar en minoría y, muy probablemente, con un Congreso de diputados en los que no contará con mayoría y deberá hacer alianzas. De modo que si los candidatos son inteligentes, y esperamos que todos lo sean, deben actuar con la cordura necesaria como para que, desde ya, comiencen a tender los puentes que van a necesitar para lograr el diálogo y los indispensables consensos para sacar adelante a un país con tantos problemas.