La cercanía de la jornada electoral va dando cada vez con mayor precisión el “talento y el talante” de quienes se autocalifican políticos y de quienes, como cada cuatro años, intentan tomar posición para lo que se pueda conseguir en las urnas o, por lo menos, acompañar a quien triunfe para disfrutar una temporada. Por ello cada día es más evidente que la política es como un juego de niños en la calle del que, al final, el ciudadano paga los platos rotos.

Y vaya sí se han roto plato en estos casi cuarenta años de la restauración de la democracia en nuestro país. Vamos en camino hacia algo más de los mismo, pese a la nefasta, desoladora y reciente experiencia, pues desde lugares oscuros con mano “peluda” y desde la masa electoral, escasamente reflexiva nos vamos acercando al último domingo de noviembre. La confianza abunda por su ausencia, aludiendo al adagio tradicional.

Los aspirantes alimentan las ilusiones de una vida mejor con la promesa del uso de varita mágica, su palabra, sus promesas que solo él logrará hacer realidad pese a la gravedad y complejidad de los problemas. Es más que el populismo conocido, pues al ofrecimiento del cielo y tierra se enlaza con la deslegitimación de los demás. Y ello con una “labia” florida y atractiva. El problema será cuando las soluciones, eficaces armas de campaña, evidencien su falsedad.

La multiplicación de mensajes para despertar no solo la curiosidad de los hondureños, sino su poder reflexivo es una clara señal de que los electores deben cambiar y dar mayores muestras de voluntad personal no solo para votar, sino para elegir previa consideración sobre cada uno de los candidatos a los cuales habrá que despojar de color para que los mejores o quizás los menos malos, asuman la dirección del país e iniciemos todos unidos, con diferencias y peculiaridades, la ruta de la convivencia en paz, justicia y prosperidad. Por ello ya debiéramos avanzar en la selección de candidatos no por sus mensajes, discursos o arengas con el uso y abuso de “pueblo”, al que con el mayor cinismo se apela a que se fije en banderas y sin ver caras se decida en plancha. Así van después las municipalidades, el Poder Legislativo o el enjambre en el Ejecutivo. Votar es depositar la boleta en la urna. Elegir es llenar la boleta con inteligencia y visión de mejoramiento. Necesaria la pregunta, ¿cómo vamos con la elección de candidatos?