16/05/2022
02:32 PM

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Peligrosos límites

    ¿Cómo fue que llegamos de nuevo a los puñetazos en el Congreso Nacional? El entramado aún no ha quedado claro y, seguro, al menos por ahora, no sabremos qué hubo detrás de las patéticas escenas del viernes pasado, ni de las posteriores declaraciones de los involucrados y menos de la atropellada elección de la Junta Directiva.

    Lo cierto es que, en su mayoría, los hondureños votaron en las elecciones del 28 de noviembre con la esperanza de rescatar al país de estas prácticas vergonzosas que le arrastran en la permanente incertidumbre. Eso es lo único real de toda esta situación: el peligro de cruzar límites, de frustrar a una población que, pese a las predicciones de ausentismo, atendió el llamado a decidir vivir en democracia y en paz.

    Y si tan pronto se nos olvidaron, repasemos las razones que se atribuyen al masivo sufragio en Honduras que ha llevado a la Presidencia a Xiomara Castro. La primera, se votó por las propuestas de cambio, de desterrar la corrupción, en contra del abuso y a favor del diálogo, confiando en que esas promesas, que consolidaron su triunfo, se afianzarían con una alianza política que nos acerque a la independencia y separación de los tres poderes del Estado y se eviten las injusticias promovidas cuando se acaparan las influencias.

    Se votó por el Estado de Derecho donde todos, gobernantes y gobernados, cumplamos con la ley. Ese 28 de noviembre se llenaron las urnas con la creencia de que un nuevo gobierno dejaría atrás los conflictos para enfocarse en una agenda urgente que busque aliviar los crónicos problemas derivados de la pobreza, crimen organizado, migración y violencia.

    Que se trabaje en unión, razonamiento y a conveniencia del país, superando aquellos días oscuros de constantes tomas y el vandalismo de los oportunistas. Porque el hartazgo nos llegó no solo por los niveles de corrupción y la mala imagen internacional, sino por la incapacidad de poder vivir en armonía. Los diputados, los nuevos funcionarios, los partidos políticos y todos los sectores debemos llamar a resolver las diferencias en la mesa, conversando, escuchando, sin atropellarnos.

    Vale en este momento recordar las palabras de Xiomara Castro la noche de su triunfo, cuando dijo que comenzaría a conversar inmediatamente con aliados políticos y opositores para gobernar en “unidad nacional”. En aquel discurso, Castro prometió “formar un gobierno de reconciliación, de paz y de justicia”. Ese es el rumbo que necesita el país y ella lo sabe.

    Ojalá seamos capaces de resolver y reencontrarnos en paz, que esos puñetazos que vimos entre legisladores sea un incidente aislado y que no calce aquello de que “si así es la víspera, cómo será la fiesta”.