Luego del ejercicio cívico del pasado domingo, ya una vez adentrándonos en diciembre, y con los aires de Navidad rondando, es importante y necesario que tanto las autoridades recién electas como los que somos gobernados tomemos conciencia de los desafíos de esta nueva oportunidad que la historia pone ante todos.

Independientemente de las simpatías o aspiraciones políticas de la población, hay en el ambiente un clima de serenidad, ya que la ejemplar conducta de los hondureños ha sobrepasado todos los temores y ha generado confianza y paz. Y es que sin esa tan anhelada paz, el progreso se torna inalcanzable y los obstáculos para el desarrollo se vuelven invencibles.

Las autoridades recién electas, desde la presidenta hasta los alcaldes, pasando, obviamente, por los nuevos integrantes del Poder Legislativo, tienen como primer cometido la reconciliación de la familia hondureña, que implica restañar heridas que no han logrado cerrarse desde junio de 2009. Esto implica una especie de “purificación de la memoria”, porque tanto los Zelaya Castro como la gente de su entorno son seres humanos, tienen sentimientos, y es natural que muestren desagrado ante personas o entidades que ellos consideran les causaron algún daño o actuaron en su contra en aquel escenario. Hará falta, pues, echar mano de un profundo amor patrio para evitar que motivaciones poco nobles lleven a procurar venganzas y a sembrar mayor división a la ya existente en la ciudadanía. Esto implica una actitud elegantemente respetuosa para con los vencidos, que representan un buen porcentaje de la población, y que han sido y continúan siendo ciudadanos de este país y, por lo mismo, tienen derecho a trabajar en él y a expresar sus desacuerdos cuando haga falta hacerlo. Este proceso recién realizado, como todo en la vida, debe dejarnos lecciones que sería poco inteligente no aprender. Y esto para los que dejarán el poder como los que lo asumirán en cuestión de semanas. Una de estas lecciones es que los votantes han madurado, que las banderas partidarias ya no tienen el peso ni la fuerza de hace apenas un par de décadas. Otra, que la gente joven piensa mucho más de lo que se cree, que los “millenials”, con todo y que parecen no reflexionar porque viven sumidos en el mundo tecnológico, están preocupados por su futuro y son capaces de cambiar las rutas que la política tradicional estaba habituada a transitar. Así que las nuevas autoridades tienen como singular y principal encargo asegurar un progreso en paz, en diálogo con todos los sectores. Y esto desde ahora, en este mes en el que los ángeles nos recuerdan que la Navidad trae paz a todos los hombres y mujeres de buena voluntad. Que así sea en la Tierra entera y, por supuesto, en Honduras.