28/06/2022
01:04 AM

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No más de lo mismo

    Las perspectivas de crecimiento para nuestros países siguen siendo pesimistas. Los pronósticos negativos son atribuidos al aumento de los precios de la energía por culpa de la guerra en Ucrania, a los nuevos obstáculos en la cadena de abastecimiento y a la pandemia que no termina de hacer daño, un coctel que presiona hacia una desbocada inflación.

    Las calificadoras de riesgo, el FMI y el Banco Mundial, todos han advertido que no debemos esperar el crecimiento económico suficiente para aliviar los niveles de pobreza en la región. Y el retroceso será catastrófico.

    Y si a esa mezcla de calamidades le sumamos los daños que dejaron los huracanes Eta e Iota y la pobre inversión social que ha hecho el Estado en los últimos años, el resultado es lo que tenemos: una crisis alimentaria que sufren miles de familias en este país, 2.4 millones de hondureños de acuerdo al último informe del Programa Mundial de Alimentos (PMA) de la ONU.

    Esa cifra irá en aumento hasta agregar otros 200,000 hondureños a medio año, mientras no se ejecuten acciones contra el desempleo y sigamos impactados por el alza de los precios y la crisis mundial en la cadena de suministros. El alto costo alcanzado por los fertilizantes que se importan, como lo hemos apuntado antes, ha impactado en la producción alimentaria nacional, en la disponibilidad de productos y en sus precios, lo que hace urgente invertir en el sector para asegurar que la canasta básica sea accesible.

    Y no nos olvidemos de las miles de empresas que ven como las facturas de sus suministros se vuelven inalcanzables; empleados colgados en planillas congeladas desde hace más de dos años y salarios golpeados duramente por la pérdida de poder adquisitivo.

    Con ese escenario debemos lidiar todos y unidos, tanto el Gobierno como el resto de sectores que estamos obligados a aportar soluciones y no hacernos a un lado cuando se derrumba el país mientras prevalecen las conversaciones improductivas, las declaraciones cargadas de diagnósticos inútiles, de odio y resentimientos que solo distraen.

    Tanto los medios de comunicación como el Gobierno debemos dar más espacio a las contribuciones valiosas y objetivas, que nos orienten a todos y sirvan de guía; que eleven el debate, la innovación y creatividad en la solución de los problemas inmensos que aquejan al país.

    Es tiempo de dejar de escuchar los discursos vacíos de políticos -de todos los colores- que no aportan nada, que solo muestran la mediocridad que nos eleva la incertidumbre del rumbo hacia dónde nos llevan. Que no nos sigan distrayendo de lo importante. Ya no más de lo mismo.