01/12/2022
01:06 AM

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No llegan solas

    Las desgracias nunca vienen solas es el dicho popular afincado en nuestra realidad nacional y considerado con miopía por quienes asumen el poder, cuyo ejercicio se concentra en el ahora de manera que la previsión y la prevención no llegan a calar en nuestra cultura como elementos cotidianos de hacer historia.

    Las calamidades vienen unas tras otra y ya ni tiempo queda para reparar pues el azote siguiente está en las costillas. El anuncio del cierre, en noviembre, de una planta maquiladora de una multinacional asentada en el municipio de Choloma es un mazazo más en el mundo laboral con graves consecuencias para trabajadores jóvenes mucho de los cuales disponían de recursos provenientes del sueldo para sostener a sus familias o para pagarse los estudios universitarios. El horizonte se ha nublado y la tormenta amenaza lo que, sin duda, complicará la vida de miles de muchachos.

    Se abre un hueco mayor en las finanzas públicas, pero en ese campo se echa mano, como lo están haciendo, de las reservas, de préstamos internos y externos, pero las casi dos mil personas del centro de trabajo que clausura operaciones el próximo mes, verán cerrada su fuente de ingreso y la invitación, con escasas esperanzas, será recorrer empresas, introducir currículum, buscar y hallar una palanca para aprovechar algunas de las muy escasas oportunidades de empleo.

    La explicación, justificación de tan nefasta determinación para hondureños, se centra en la incertidumbre del comportamiento de la economía mundial que apunta hacia la recesión, pese a positivas declaraciones en instituciones multilaterales, pero como las empresas quieren seguir nadando y al mismo tiempo guardar la ropa para, por si acaso, aminorar las pérdidas que recaen directamente en la mano de obra.

    Los lamentos no son solución, pero sí debiera haber una reacción firme y consolidada no solo del sector privado, sino, sobre todo, de políticas gubernamentales para fortalecer la institucional sobre la que se haga realidad la seguridad ciudadana y jurídica, la libertad y el poder para el bienestar y la convivencia, no para ambiciones como trofeo de sectarismo.

    El desafío está ahí y se multiplica con grave riesgo para el país donde, aludiendo al presidente Kennedy, cuando la marea baja todos los barcos bajan, claro que los más pequeños encallan, lo de gran calado buscan aguas más profundas. En estos días hemos llamado a aclarar la visión para asumir las causas, llegar a la raíz de los problemas y adoptar decisiones comunes y compartidas sin virus en la administración del poder en el que se aprecia un paso a paso hacia su concentración para algo más.