14/08/2022
01:37 AM

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No es su sueño

    Lejos de lo que muestran las altísimas cifras de niñas y niños que todos los días emigran de Honduras, la generalidad de estos menores inició el viaje no porque fuera su “sueño”, sino empujados por familiares que enfrentan desigualdad, pobreza o la falta de oportunidades de empleo, además de los sórdidos sistemas de salud y educación.

    En su inmensa mayoría, son obligados a someterse al martirio de una aventura donde muchos han muerto o desaparecido, y los que logran sobrevivir, quedan marcados por las penurias y humillaciones que debieron soportar como daño colateral del vergonzoso fracaso de la institucionalidad pública.

    Los recientes informes oficiales señalan que más de 95,000 niñas, niños y adolescentes, muchos de ellos no acompañados, han debido retornar o bien han sido deportados al país en los últimos ocho años -de los que se tiene registro- mientras otros datos revelan que un 43 por ciento de los menores no quieren emigrar, sino anhelan tener una vida digna en su país, y que solo un 20 por ciento está anuente a sumarse a las caravanas de indocumentados.

    Este estudio titulado “Debería quedarme o debería irme”, realizado por la oenegé internacional Save The Children, analizó las decisiones migratorias, necesidades y riesgos que enfrenta la niñez en Honduras, Guatemala y El Salvador, en base a las respuestas de 122 niños, niñas y adolescentes de entre 7 y 19 años. El resultado muestra que el 43 por ciento prefiere quedarse o no tiene intenciones de migrar en búsqueda de mejores condiciones de vida.

    El 24 por ciento sí tienen intención de migrar en un futuro próximo y el 17 por ciento no lo descartaron, una investigación que plantea la urgencia de mejorar el entorno nuestra niñez. El estudio confirma que la familia es un factor clave que debería impulsar a la población infantil a quedarse en el país, pues en su mayoría los niños y niñas desean permanecer cerca del hogar y recibir la atención y apoyo, pero sin que el miedo y la escasez sean el pan de cada día.

    Los menores que no tienen intención de irse de Honduras, guardan la esperanza que aquí lograrán vivir seguros, que podrán mantener sus lazos familiares y que van a alcanzar sus metas con oportunidades laborales y educativas.

    El “sueño americano” no es siempre la aspiración de todos, porque la mayor parte de quienes se van huyen de la violencia, las maras, pobreza y desigualdad. Y mientras no haya voluntad y estrategias estatales para generar educación de calidad, empleos dignos y de salud integral para las familias más golpeadas por la crisis económica, los niños seguirán migrando, aunque no sea su sueño.