Estamos a cinco días de los comicios, en la agonía de una campaña que ha transcurrido entre altercados de activistas y el latente temor a volver a sufrir violentas manifestaciones cuando se anuncien los resultados. Es la cuenta regresiva para las elecciones del 28 de noviembre cuyo proceso “avanza con normalidad” pese a la peligrosa polarización que han mostrado los candidatos con mayores probabilidades de ganar. Hasta ahora, las autoridades del Consejo Nacional Electoral (CNE) garantizan que serán “unas elecciones limpias, transparentes y pacíficas”, cuyo cronograma de actividades marcha “aceitado”. No deberían suscitarse mayores problemas ni en los centros de votación —hay 5,755 dispuestos— ni problemas para los votantes que son un poco más de cinco millones de hondureños, de acuerdo con padrón electoral.

Y aunque las actividades van de acuerdo con lo planeado y el CNE da muestras de efectividad y trata de infundir confianza, la preocupación son esos márgenes tan ajustados en el conteo de votos que ya prevén observadores políticos, esas mínimas diferencias en los resultados que encienden los ánimos y provocan los llamados a las protestas que pueden terminar en violencia empujada por el crimen organizado, el narcotráfico y las pandillas que se ensanchan en tiempos de caos. Así el llamado de los líderes políticos debe ser a votar masivamente y en paz, en vez de aumentar la desconfianza de la población en el proceso. Y la responsabilidad de todos, organizaciones, Gobierno y medios de comunicación, es crear las condiciones y el ambiente para ejercer el sufragio y confiar en las autoridades electorales que no pueden defraudarnos.

El CNE “garantiza la transmisión de todas las actas electorales en forma rápida, segura y transparente” y ha verificado el funcionamiento, al menos en un 90%, del sistema de transmisión de resultados electorales preliminares (Trep) que da celeridad al envío de las actas a un centro de cómputo para que, a la brevedad posible, conozcamos los resultados preliminares. Hay tareas que afinar tanto con el Trep como con el sistema del lector de huellas que deben funcionar en los 298 municipios donde habrá centros de votación, sobre todo con la conexión y de capacitación.

Frente a estos obstáculos, porque sabemos que el sistema no es perfecto, la mejor fórmula es hacer frente común contra el abstencionismo, que no se repitan las cifras altísimas de electores que se quedan sin votar. Tener conciencia que una votación masiva legitima a los gobiernos, evita la tentación de hacer trampa y elimina esas sospechas de fraude. Todos a votar.