El mañana, como titulamos el editorial del lunes, se nos presenta ya como hoy, desafío inmediato y con gran fuerza retadora, de manera que tras autoevaluar el comportamiento y los resultados de las fuerzas políticas habrá que profundizar en búsqueda y hallazgo de soluciones a los graves problemas del país. Llorar sobre leche derramada o ahondar y aferrarse al yo afincado en el triunfo no es respuesta leal al comportamiento ejemplar de la población.

En síntesis, presentamos la expresión de monseñor Ángel Garachana, obispo sampedrano: “Que la votación masiva sea signo de que nadie puede robarnos la esperanza”. Habría que añadir: Quien lo intentare, encontrará esa misma voluntad plural y masiva para defender la convivencia en armonía, fortalecida con el respeto y defensa de la diversidad en todos los ámbitos de la vida nacional y familiar.

Tras ir conociendo los resultados, la mira se fue dirigiendo hacia los electores jóvenes, quienes habían sido ya calificados como el fiel de la balanza. Su participación en urnas, factor más que esperanzador de ese mañana, convertido ya en hoy, es el llamado y clave de la renovación, de la entrega del relevo en la carrera hacia una mejor Honduras.

En las vísperas de la jornada electoral, la vista se dirigió hacia los jóvenes, sobre los que, en ocasiones pasadas, ni miradas, buenas o malas, recibían de los candidatos. Según el censo, el número de electores de entre 18 y 30 años asciende a más de dos millones, que “muy bien pueden con su voto dar vuelta a una elección”.

¿Es esta la clave para entender los resultados del domingo? Será demasiado simplista atenerse en exclusiva a ello, pues, sin duda, hay otros más profundos para explicar y entender con serenidad y gran peso de raciocinio la inclinación de los electores. El desgaste en el poder, pero más los señalamientos de corrupción y narcotráfico con la corona de impunidad contribuyeron a la derrota. Todos, pero más que nadie el “divino tesoro” demandan y esperan un cambio significativo de auténtica transformación en el quehacer gubernamental para no seguir repitiendo, en envases y colores diferentes, los mismos errores para incrementar la pobreza en miles de hondureños más.

Los jóvenes hablaron en las urnas y deberán seguir hablando con hechos, no sea que todo quede, como siempre, en la “vetusta” democracia representativa, sin dar el paso a la democracia participativa, en la que la juventud tiene mucho que decir y hacer. No se duerman. Son casi mayoría y deben ser muro donde se estrellen los que intenten robarnos la esperanza.