La palabra tiene al menos una veintena de acepciones, aparte de referirse al rabo de los animales. Uno de los significados que le damos, de forma coloquial, es cuando nos referimos a las consecuencias desagradables que puede traer una opinión o una decisión. Trae cola, por ejemplo, esa última aprobación que ha hecho el Congreso Nacional sobre el Aeropuerto Internacional de Palmerola y sobre la terminal de Toncontín, que van a absorber 140 millones de lempiras adicionales, fondos aprobados por el Congreso Nacional que, para sorpresa de todos, saldrán del erario. El decreto fue publicado el primero de octubre, pero nos enteramos cuando el acto ha sido consumado.

De ese dinero —que tanta falta hace ahora mismo en Salud y Educación—, 53 millones son para Palmerola porque al aeropuerto “le hace falta señalización e iluminación móvil provisional” para cumplir con informes técnicos de aeronáutica y poder iniciar operaciones cuanto antes. Los otros 87 millones se destinarán a la reparación del pavimento del Toncontín, fondos que también saldrán de las partidas presupuestarias del Gobierno, a pesar de que la operación de la antigua terminal le fue cedida al mismo operador del nuevo aeropuerto en Comayagua. La explicación que ha dado el ministro Roberto Pineda, titular de la Secretaría de Infraestructura y Servicios Públicos (Insep), es que se trata de cumplir con “obras adicionales que han surgido dentro del proceso constructivo” porque “el proyecto es complejo... interactúan muchas entidades y han salido muchas situaciones que han hecho que los proyectos tengan otras opciones que piden los organismos internacionales”.

Las obras en Toncontín le corresponden todavía al Gobierno, asegura el ministro, y se necesitan “para tenerlo en condiciones aceptables y óptimas para los vuelos nacionales y también privados”. Sobre el equipo de Palmerola, dice que se va a reemplazar posteriormente y se trasladará a otro aeropuerto. Estos 140 millones de lempiras se suman a los 1,100 millones de lempiras adicionales concedidos en 2019, según la nota periodística que reveló la aprobación del último decreto.

El tema del nuevo aeropuerto, que ya resulta incómodo para los capitalinos porque les queda lejos, lo enredan cuando no son transparentes en las decisiones que toman, una costumbre entre diputados y funcionarios. Lo dejan con cola, abierto a especulaciones cuando se trata de fondos millonarios.

El nuevo aeropuerto es necesario. Toncontín ya está entre los aeropuertos más peligrosos del mundo. La pregunta es por qué estas negociaciones se vuelven tan difusas, con colas que solo aumentan el escepticismo.