Aquello de “apretarse la faja” o cubrirse hasta donde la cobija alcance no entra en los cálculos de las cuentas en la administración pública, que con prioridad se identifican y aceptan los gastos y después viene la “rebusca” de recursos y, no pocas veces, la ampliación del presupuesto sin recursos inmediatos.

A mediados de año y la Secretaría de Finanzas hace espacio a la colocación de valores en el mercado local, que, en principio, alcanzaba una cifra superior a los 22,000 millones de lempiras; pero no bastó para el próximo semestre, por lo que el compromiso suma otros doce mil millones, con un total para este año de casi 35,000 millones, que habrá de sumarse a otras pesadas cargas, recayendo en las futuras generaciones las que, muy justamente, reclamarán por qué pagar lo que otros generosamente gastaron.

La emergencia sirvió en repetidas ocasiones para pedir, aprobar y, según el color, entregar, aunque haya otras prioridades, como es Salud, personal, medicina, equipo e instalaciones. Los cargos a las generaciones posteriores son muy disimuladamente ubicados en la agenda con aquello de los años de gracia y décadas para pagar.

La disponibilidad de recursos monetarios no alcanza ni para cubrir el gasto corriente, mucho menos aquellas necesidades derivadas de la emergencia de la pandemia y fenómenos naturales. ¿Explicación? Aunque sea superficial, es real, pues uno de los factores es la balanza comercial de nuestro país, venta y compra. El déficit es tal que, según el Banco Central de Honduras, ha crecido un 76.1%.

A la justificación explicable de la larga emergencia hay que sumar lo que se viene en unas semanas, en noviembre y en el primer mes del próximo año; pero lo irracional e incomprensible es que no se haya buscado y encontrado algún rincón adonde hallar ese “dinero” disponible para gastos colaterales que autoriza el Congreso, pero que por las restricciones en movilidad o escasísimos actos de representación han quedado en el fondo, que al final resulta sin fondo, pues todo desaparece.

La deuda interna se ha convertido en fuente de financiamiento muy cercana y eficaz para el Gobierno, que complementa con la emisión de valores para cubrir la disminución de los ingresos tributarios, con una economía deprimida y un sistema productivo y de servicios sumamente débil en etapa de reactivación, que será lenta y larga. Las deudas y sus implicaciones es un largo y complicado laberinto en el que deambulamos hoy y lo harán en el futuro, sin más esperanza que seguir caminando en búsqueda de salida…