Podemos empezar la columna editorial con la clásica y ya desgastada expresión “aunque usted no lo crea” al leer el miércoles el titular de primera página de LA PRENSA y descubrir, con gráfica incluida, el notable nivel de desinterés de los sampedranos por recibir la segunda dosis contra el covid-19 , lo cual no tiene explicación razonable. La cobertura de la primera dosis logró un 63%, mientras que la segunda se ha quedado en un 42%. Es decir, ni el incremento del contagio, con variantes acompañadas de la gripe, mueven a gran parte de la población a buscar defensas y protección.

Los llamados, algunas veces a gritos y otras con regaños como a niños de escuela, no han llegado a calar, aunque las evidencias debieran empujar masivamente a la búsqueda de inmunidad porque ya pasó el tiempo de decir lo que viene, viene, pues ya ha regresado y la gran carga recae sobre el personal hospitalario con número reducido por el fin de los contratos a personas para enfrentar la pandemia. Las emergencias están llenas y aunque no reconocen la gran equivocación de cerrar los triajes están dando marcha atrás que ojalá no sea ya demasiado tarde.

En esta especie de “tierra de nadie” porque unos se van, pero otros no han llegado aún, las consecuencias recaen directamente sobre los ciudadanos que, a falta de decisiones responsables hasta el último minuto, se aferran al futuro inmediato y a las promesas de quienes están para asumir el mando que no tienen varita mágica, por lo que se les aplica el beneficio de la duda en el espacio tradicional de los primeros cien días.

Pero sigamos con ¡“a vacunar, a vacunar”! porque si ni la mitad ha recibido la segunda dosis, ¿cuántos han recibido el refuerzo, la tercera que dicen? No hay excusas y las evidencias muestran que nos hallamos en la antípoda de países que exigen la vacunación completa a sus ciudadanos. El ejemplo más cercano y sumamente polémico es la reclusión de Novak Djokovic, tenista número uno del mundo, en un hotel de Australia por no estar vacunado.

Para muchos es exagerado, pero “la ley es para todos” ha reaccionado el Gobierno australiano que mantiene puño de hierro para evitar el contagio masivo. En Europa ya van por el mismo camino y algunos países han puesto fecha en que los adultos deben estar vacunados, de lo contrario, sus actividades se verán sumamente reducidas.

Aquí hemos escuchado insinuaciones, pero quizá haya que dar el paso de las palabras a los hechos para asegurar la aplicación completa de vacunas con los refuerzos necesarios.