26/11/2022
11:54 PM

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Crisis migratoria

    Siempre ha sido temeraria, peligrosa y descabellada, hoy es una aventura suicida unirse a las caravanas de migrantes que salen de Honduras con la intención de cruzar Guatemala y México para llegar a Estados Unidos. Se han complicado no solo por los nuevos obstáculos añadidos, sino por la masiva cantidad de extranjeros que se han sumado en los últimos meses.

    Han convertido el paso, por esta región, en un caos humanitario cuando hay mayor flujo de nicaragüenses, cubanos, haitianos y venezolanos; y cada vez vemos más migrantes que llegan de Ecuador y Colombia como turistas, pero con el plan de hacer la ruta de los indocumentados. Igual siguen arribando de sitios tan lejanos como Ghana, Camerún y hasta de Afganistán. Para enfrentar la aglomeración y hacinamiento son necesarios planes de contingencia porque la situación se ha vuelto insostenible.

    No hay refugios o centros para migrantes; los hospitales están abarrotados en los municipios por donde cruzan y ya no hay tantas familias en el interior dispuestas a ayudarles. Lo han advertido en Danlí, El Paraíso, un municipio que está alarmado por la cantidad de venezolanos y haitianos que se han vuelto un problema que enfrentan las autoridades locales. A la ausencia de apoyo se suman los atropellos de transportistas como de otros abusadores que ven la oportunidad de sacarles dinero fácil.

    En Guatemala recién pararon y devolvieron a 548 migrantes, más de la mitad de ellos venezolanos. Salieron de San Pedro Sula, pero el viaje no les duró ni tres días. Las autoridades migratorias chapinas han endurecido la vigilancia como resultado de la crisis que se vive en la región por la falta de logística y recursos para atender a la cantidad de niños, mujeres y hombres que se someten al trayecto en condiciones de extrema vulnerabilidad.

    Ese flujo se ha ido multiplicando en los últimos cuatro años; son más menores -se estima que el 15%-, más madres y familias las que requieren de la atención que no tienen o es escasa.

    Quienes logran atravesar este infierno, pueden estrellarse con las políticas migratorias: unos 67,000 hondureños han sido deportados en lo que va de 2022, un 53% más que en el mismo período, pero el año pasado. Y si han logrado colocar documentos de asilo, forman parte del atasco en las cortes de inmigración estadounidenses que trabajan en unos dos millones de casos pendientes de procesar.

    Esos casos incluyen a inmigrantes de más de 150 países, entre ellos Honduras donde aún no se ha cumplido la promesa de mejorar las oportunidades de empleo, sobre todo para los jóvenes que igual buscan escapar de la violencia.