30/11/2022
12:27 AM

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Contrarreloj

    No es novedad que enfrentamos una multicrisis, ni que estamos atrapados en la pasividad pese a las advertencias de mayor miseria y hambruna que nos iban a arrastrar si no se ayudaba a los agricultores en la producción de alimentos. Se ha alertado, persistentemente, que esta es una carrera contrarreloj por encontrar soluciones y evitar que más familias se sumen a ese dramático 65% de hogares hondureños que no pueden cubrir ni el costo de la canasta básica. Ahora lo que viene es el peligro de inestabilidad social —que ya viven otras naciones— si no se toman medidas urgentes para atajar la crisis económica y de inseguridad alimentaria. Para revertir esta tendencia, el Gobierno debe invertir en programas que garanticen alimentos en las zonas más afectadas, como es el caso de Gracias a Dios donde las lluvias afectaron cientos de hectáreas de tierras cultivables. La diputada por ese departamento, la liberal Erika Urtecho, ha expuesto que la situación es tan grave que podría ocasionar “una potencial hambruna en toda la zona en los próximos dos meses”. En La Mosquitia —dijo la parlamentaria— los productores agrícolas se encuentran en “cuidados intensivos” y urgen de la intervención inmediata del Poder Ejecutivo, del Congreso Nacional y de las alcaldías para poder solventar la potencial crisis alimentaria que les amenaza.

    Se ha estimado que al menos unos 500,000 hondureños comen solo una vez al día de unos 2.6 millones que atraviesan la falta de alimentos, una cifra que podría llegar a los tres millones en los próximos meses. Organizaciones expertas como el Observatorio Universitario en Seguridad Alimentaria y Nutricional de Honduras, han lanzado advertencias sobre esta histórica escasez que tiende a agravarse si persisten los aumentos en los precios de los productos y si no se estabilizan los costos del combustible que han detonado este peligroso trance.

    Como bien lo destaca el último informe del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), la multicrisis persistente y profunda en Honduras ha limitado avances sustantivos en varios componentes del desarrollo humano. Nos encontramos lejos de alcanzar los logros esperados en los aspectos básicos: esperanza de vida, educación e ingresos, destaca ese informe que considera “urgente un Estado transformado” y “centrado en la gente, inclusivo, con una visión multidimensional, integral, prospectivo, eficiente y transparente”.

    Empecemos por lo más urgente: poner qué comer en esas mesas vacías. Que el Gobierno promueva una reserva estratégica de granos, como se ha propuesto, junto a programas reales y justos de nutrición en todos los hogares agobiados porque no tienen ni qué comer.