11/08/2022
07:50 PM

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Cien días

    Cuando se quiere se puede es la expresión popular que sintetiza iniciativas, esfuerzos y fruto. Hay un grupo campeón que no ha competido y mucho menos se ha propuesto como ejemplo, puesto que todo su interés sigue siendo aprovechar cada minuto del horario escolar sin mirar hacia los lados ni esperar más reconocimiento que la satisfacción personal y familiar de aprovechar los medios para desarrollar los planes de estudios y culminar cada año con evaluaciones notables y calificaciones sobresalientes.

    Es digno de alabar ese grupo de maestros, alumnos y padres de familia que resistieron el duro embate de la pandemia. La escuela no se cerró porque no tiene techo, paredes ni puerta, sino que niños y mentores aprenden y enseñan a la sombra de frondosos árboles. Hay comunión con la naturaleza que proporciona un ambiente positivo para aprender las lecciones.

    Nos podemos trasladar a aquella película de Cantinflas cuyo final es la expresión eficiente y exacta del compromiso de las autoridades de manera que los niños son recibidos en la mañana en adecuadas instalaciones.

    Ese fue el compromiso del ministro de Educación cuando la escuela modelo, de mano de LA PRENSA, saltó a la opinión pública como expresión fiel de que lo que se quiere se puede.

    Se han impartido cien días de clases bajo los árboles y no sabemos si la promesa del funcionario ha pasado ya a algún escritorio, si se ha identificado la partida presupuestaria para iniciar las obras y si es necesaria una licitación, ojalá que no, para firmar contrato con la constructora que ojalá sea de la zona para agilizar los trabajos y construir la escuela.

    Después vendrá lo del mobiliario adecuado, el material y el equipo necesario, pero si hicieron frente a la pandemia también lo harán a esas menudencias.

    Lo importante y urgente es respuesta clara a la promesa realizada, pues esta obra debiera ser considerada como ejemplo y modelo en el sistema educativo nacional. No se pierde un día en el calendario escolar que es respaldado por profesionales merecedores de nombramiento e inserción en el sistema nacional y padres de familia que acompañan a sus hijos.

    Proyecten esta escuela modelo que no está contagiada de partidismo, ni sus actividades marcan directrices para honrar personas ajenas a la escuela.

    “Estamos muy felices de llegar a los cien días de clase” y el anhelo es que nos ayuden “a construir la escuela con la que soñamos”. Quizás entre el ruido de la arboleda se pueda escuchar aquello de “chirrin, chirrin, lo digo yo....” Como en el final feliz de la película de Cantinflas, El Profesor.