“Orden en casa” aconsejaba hace más de dos décadas un organismo internacional ante las cuentas presentadas en el Presupuesto Nacional de aquellos días y la carrera sin control en el gasto público acercando más al precipicio. A las cuentas de ayer y de hoy hay que sumar la neblina en la transparencia y la ausencia de rendimiento de cuentas.

Una de las sorpresas es en el anuncio de Presupuesto base cero para el próximo ejercicio fiscal con el objetivo de mejorar en la eficiencia administrativa y detener las sorpresas con atención preferente en el Congreso Nacional a todo lo enviado por el Ejecutivo. Y habrá de llegar porque el déficit fiscal es el espejo de los ingresos que no alcanzan, pero están los préstamos internos o externos que sirven para pagar los créditos que vencen. Total, deudas para las deudas. Más de lo mismo con la gravedad de que la austeridad proclamada queda en palabra mientras se desarrolla la alegre procesión.

Al incremento por miles de millones del proyecto enviado al Congreso Nacional se suma el “ajuste” realizado en los primeros meses del gobierno. Total, que aquel orden en casa de hace décadas sigue como fantasma y en consecuencia la deuda con organismo internacionales y los compromisos en el ámbito interno van en escalada con hipoteca para las próximas generaciones porque lo “que no cuesta se hace fiesta”.

El Congreso Nacional recibe las cuentas del próximo ejercicio fiscal, pero no hay confianza pues la historia de siempre es de siempre y todo irá pasando con la promesa de su recta ejecución y el manejo honrado de los recursos que, como ayer, llegan echando mano de créditos que si por los menos fuesen rectamente invertidos y no alegremente gastados divisaríamos claridad en el horizonte. Las cantidades pueden asustar y recordando la historia para aprender y no seguir tropezando en la misma piedra, las personas adultas recordarán aquellas cuentas públicas de centenares de millones, no centenares de miles como hoy, porque al asfixiante déficit fiscal inmediato y a mediano plazo hay que añadir la inflación, ese grave impuesto que cala más a quienes menos tienen.

¿Quién mantendrá ojo sobre la inversión pública de 71 mil millones de lempiras señalada por la Secretaría de Desarrollo Económico? Si no hay desvío o fondos ocultos debieran ser estos recursos para crear empleos en obras de infraestructura en las comunidades relegadas, pero enormemente aportadoras a la economía nacional por medio de productos de exportación y cultivos destinados al mercado nacional. Al final, como dicen en la aldea, será “el llorar o el reír”. Hasta ahora han sido lágrimas, esperamos las sonrisas o carcajadas de la mayoría.