01/10/2022
08:09 AM

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Arriesgarse por Honduras

    Un grave error que, en su momento, cometieron los países que apostaron por el control absoluto del Estado sobre el aparato productivo fue menospreciar el aporte que hace la iniciativa privada para la generación de riqueza, riqueza con la cual se satisfacen las múltiples necesidades de la población. Por eso es que, en nuestros días, no existe un solo país en el mundo, aunque se autodenomine socialista o comunista, en el que no se promueva la inversión a pequeña, mediana o gran escala de individuos o grupos empresariales que arriesgan su dinero y así, junto con los Gobiernos, hacen posible el desarrollo. La caída de la Unión Soviética, y el efecto dominó que siguió en el resto de los países que orbitaban a su alrededor, más que una decisión política fue producto del anquilosamiento que había sufrido la producción industrial, e incluso la agrícola, lo que volvió insostenible el “sueño” de Marx y Lenin.

    Sucede que, aunque parece que hay personas que continúan sin entenderlo, las motivaciones humanas se mantienen en el largo plazo cuando hay sentido de propiedad y se persiguen satisfacciones personales. Cierto que hay también un sentimiento, un deseo natural, de bienestar colectivo; pero son los logros individuales los que suelen espolear el afán de mejora y el trabajo arduo e ilusionado.

    Por lo anterior, preocupa cuando algún funcionario o un político, aunque de manera personal y aislada, se refiere despectivamente al empresariado o a los emprendedores, que no son más que lo mismo, solo que en diferente dimensión. A veces se hace eso por puro prejuicio, también podría darse que se haga con segundas intenciones y cierta maldad; pero siempre sin conocimiento de las cosas, por ignorancia.

    La historia nos muestra que, en coyunturas determinadas, el sector empresarial se ha convertido en el chivo expiatorio de la ineptitud gubernamental o de la falta de estrategias efectivas para la resolución de los problemas sociales o relacionados con la generación de riqueza. Es humano, pero equivocado, buscar a quién echarle la culpa de algo cuando no se sabe cómo explicarlo o resolverlo. Además, anclarse en las excusas nunca ha sido ni inteligente ni ha llevado a ninguna parte.

    El papel del Estado en la actualidad debe ser el de velar porque el capital produzca bienestar para las mayorías, hacer que se respeten las leyes y evitar que se cometan abusos; pero necesita absolutamente del concurso de la aportación de la ciudadanía por medio de sus iniciativas productivas porque él, por sí solo, no produce nada.