17/06/2024
03:26 PM

Apretarse la faja

    En la sabiduría popular tenemos consejos y referencias para enderezar la ruta si es que, como nosotros, necesitamos de esas luces que, aunque las vemos, desviamos la mirada. “Apretarse el cinturón, la faja” nos cae como anillo al dedo al conocer las estadísticas de la Secretaría de Finanzas sobre impuestos y los gastos ordinarios en salarios. El 42% de la recaudación es consumido por la planilla burocrática, a lo que hay sumar la representación, los viáticos, los viajes y otros gastos agazapados entre partidas a los que no llega el rendimiento de cuentas.

    La pregunta es del millón, pues si es tanto el gasto corriente, ¿dónde hay para la inversión pública, para atender las urgentes demandas sociales, así como para reducir los altos niveles de pobreza que rayan en los límites de la subsistencia? La respuesta es sencilla, aunque cada día más dramática, pues la deuda externa y los compromisos financieros internos consumen una buena parte del presupuesto que, ¡vaya ironía!, acude al financiamiento para pagar deuda entretejiendo así la red de deuda “eterna”.

    Otra fuente muy significativa de respaldo a la economía nacional y a la política monetaria es el dinero que miles y miles de hondureños en el exterior envían a su familia o invierten en el sector inmobiliario. No es invención, el Banco Central de Honduras señala que en los primeros nueve meses del año el país ha recibido en remesas cerca de siete mil millones de dólares que traducidos en lempiras casi nos hace delirar.

    Pese a esta muy sustancial aportación a las cuentas nacionales no hay muestras de compensación por el esfuerzo y sacrificio de los compatriotas, puesto que, como muchas veces se les dice para que desistan de emprender la tan peligrosa ruta hacia el norte, los dólares no se encuentran en las calles o los euros para los emigrantes a Europa. Es alto el costo personal de la integración en esas nuevas sociedades sin el acompañamiento elemental de diplomáticos hondureños más inclinados a los favores del servicio exterior y la alta consideración en el presupuesto que a la atención diligente y oportuna en los consulados.

    Aquel histórico “no hay” quedó plenamente desvirtuado en las estadísticas del BCH con incrementos salariales en los últimos años pese a la crisis en las finanzas públicas. Total, que nadie se aprieta el cinturón. La mayoría porque no tiene “faja” y sostienen su precaria existencia con el día a día o con la cegadora ilusión de unirse a las caravanas de migrantes. Pocos son los que no sienten la necesidad porque los de hoy, como lo de ayer, tienen un buen ingreso estable por un tiempo asegurado o, quizás, algo más, siempre con el pensamiento en “lo que no cuesta se hace fiesta”.