El país anhelado

En estas fechas, y con justa razón, hemos estado embebidos de orgullo al celebrar el Bicentenario de Independencia, fortalecidos con esos lazos que nos unen a los valores y momentos históricos de la Patria, repasando aquellas hazañas de los próceres, sus conquistas y legados. Sus batallas y dedicación.

Son fechas para celebrar por lo alto, días propicios para conectarnos con el pasado y releer pasajes importantes de la vida de Francisco Morazán, José Cecilio del Valle, José Trinidad Reyes y de Cabañas, ayudar a nuestros hijos a crecer en lo cultural para que no olvidemos la grandeza de nuestra historia. Saber más sobre los ilustres intelectuales del pasado como Ramón Amaya Amador, Alfonso Guillén Zelaya y Álvaro Contreras. De políticos de la talla de Juan Manuel Gálvez, Ramón Rosa y Ramón Villeda Morales.

Entender que en este largo camino del Bicentenario hallamos que siempre, en toda nuestra historia, la paz, la justicia, el respeto y la integridad han sido los pilares ansiados para procurar el desarrollo económico y social, los valores que deben servirnos para reflexionar sobre lo que hemos hecho y lo que estamos obligados a rectificar y mejorar.

Porque son fechas importantes para crecer como hondureños, para hacer un crítico repaso y debatir sobre cómo nos encarrilamos hacia esa nación soñada, con un país capaz de dar educación y llevar la salud a todos, con funcionarios que respetan la obligación de servir con honradez y con una sociedad que goza de un verdadero bienestar, que mantiene la esperanza y confía en sus capacidades para enfrentar los grandes desafíos. Donde las leyes se apliquen a todos y a todo, con justicia e imparcialidad, y los legisladores actúen con profesionalismo, no guiados por sus propios intereses o confabulados con otros corruptos.

Un país del que no se tenga que huir, donde se respeten los derechos humanos y se evidencie un esfuerzo real por la equidad. Que no se nos conozca por la corrupción, por las crisis sociales y migratorias, sino por la integridad, por los avances en todos los campos, por nuestro compromiso en la lucha universal contra el cambio climático. Esa nación por la que falta trabajar con entusiasmo, perseverancia y sabiduría, que deje atrás los altísimos niveles de pobreza, desigualdad, violencia, discriminación e impunidad.

Sintámonos orgullos del pasado, aceptemos los aciertos y desaciertos en este recorrido para llegar al Bicentenario de Independencia. Reconozcamos nuestro presente y construyamos esos valores para encaminarnos hacia un mejor futuro, con una visión integral e inclusiva de desarrollo del país anhelado.