Presupuesto

¡Qué facilito es cuadrar el haber y el deber para que las cifras coincidan al final! Todo muy bonito, pero la disponibilidad de recursos no se halla al mismo nivel de las exigentes necesidades por exacto que sea el Presupuesto detalladamente elaborado por los técnicos oficiales que cumplen con la fecha indicada; aunque, como año electoral, veremos si no surge la iniciativa de una “espera”.

Espera o no ciertamente no es una condicionante que afecte las cuentas, pues hubo un Gobierno que sin presupuesto manejó por meses, a la zumba marumba, así es que lo que sea será. El núcleo del problema es el aumento de unos 20,000 millones de lempiras, pues en tiempos de economía alicaída, en camino de recuperación, resultará complicado no solo obtener ese fondo extra, sino atender siquiera unas cuentas como las anteriores.

La vista sigue puesta en el gasto corriente que “corre” sin que los fenómenos naturales ni la pandemia lo detengan, de manera que no hemos podido ver una muestra de sacrificio en la administración pública, sobre todo en aquellos altos salarios, en los colaterales, representación, viáticos, viajes, etc., etc. ¿Se han cerrado algunas de esas cuentas para transferir fondos para el pago de personal en Salud, para adquirir medicamentos, para dar respuesta a las monstruosas necesidades del pueblo hondureño?

Aunque escaseen los recursos, las asignaciones aumentan, disimuladas con los anuncios del crecimiento económico hasta de un 5.2 %, según el BCH, aunque el sector productivo los rebaja al 3.2%. Si los graves efectos en los dos últimos años impactaron en la economía con una contracción de 9%, falta mucho aún para salir de lo negativo en lo que también incidirá la incertidumbre y desconfianza de las elecciones.

Desde el Consejo Hondureño de la Empresa Privada ha sonado la alarma. “Algunos de esos criterios nos lucen optimistas y cuesta creer o entender cómo vamos a financiar un presupuesto de L.308,000 millones, en donde 179,000 son para el Gobierno central”. A trabajar y sacrificarse para mantener una burocracia que ni un “toquecito” ha sentido en la emergencia.

Desde la visión oficial, la culpa la tiene el covid y la crisis sanitaria por la escasez de recursos como también en educación la reparación de escuelas destruidas o dañadas por los fenómenos naturales. Innegable, pero no se toca el gasto corriente que en buena parte como un todo pasará a las generaciones venideras en crecientes y agobiantes deudas. Así recibirá diploma con honor al mérito el Presupuesto de 2022.