Huir del país

Las últimas caravanas de migrantes han sido tratadas con mayor dureza a su paso por México, país que ha adelantado que no está dispuesto a continuar con la estrategia de contención acordada con Estados Unidos. Los hondureños, salvadoreños y guatemaltecos, en mayor proporción, junto a haitianos que aguardaban respuesta a sus solicitudes de asilo, han sucumbido a la desesperación y al hambre por la falta de dinero.

Y si México ya está tirando la toalla con aquel acuerdo para bloquearles el paso y permitir refugios para migrantes, Estados Unidos ha enviado un mensaje claro: no dará un paso atrás en sus esfuerzos por detener la entrada de indocumentados. En lo que ambos gobiernos están de acuerdo es en que no se hace lo suficiente para erradicar la migración de estos países y que simplemente detener no es solución si no se abordan las causas de esa masiva huida.

Mientras los mexicanos mantienen mayor presencia militar para frenar a estas caravanas, los estadounidenses reiniciaron, hace semanas, las deportaciones exprés para disuadir los esfuerzos de cruzar su frontera. “El proceso de deportación acelerada es un medio legal para administrar de manera segura nuestra frontera, y es un paso hacia nuestro objetivo más amplio de lograr un procesamiento de la inmigración seguro y ordenado”, declaró el Departamento de Seguridad Nacional luego de devolver a familias a Honduras, El Salvador y Guatemala y revelar un crecimiento en la detención de migrantes.

En Honduras, las causas que han aumentado la migración, como ya se ha expuesto, están en los 700,000 hondureños que se han sumado al umbral de la pobreza en el último año, y en el medio millón de empleos destruidos por la pandemia del covid-19 y la devastación que dejaron los huracanes Eta y Iota. Son hondureños que sufren los estragos de una economía vulnerable que enfrenta su peor caída. Esas causas tienen sus raíces en la inseguridad y en la falta de trabajo, dos de los grandes desafíos que enfrentará el nuevo gobierno que deberá enfocarse en planes para eliminar las barreras que limitan el crecimiento de la economía en los hogares e impulsar la reactivación en el corto y mediano plazo.

Pero el primer reto del próximo gobierno es recuperar la confianza de la sociedad, devolver la fe perdida a quienes han decidido huir del país. Sin esa confianza no vamos a contar con el apoyo de naciones que han mostrado la intención de ayudarnos en una estrategia que no solo abra empleos, sino de mayor acceso a la educación y salud, lo necesario para la vida digna que no encuentran los que emigran de Honduras.