A una voz

Unanimidad es la palabra más cercana a los deseos colectivos expresados los últimos días con motivo del inicio de la campaña electoral. Y es que no puede ser de otra manera para evitar los estragos de lo que se ha convertido en normalidad en las últimas décadas. Elecciones pacíficas con el antecedente inmediato de una labor proselitista convertida en modelo de acercamiento a los ciudadanos para darles a conocer propuestas reales, no demagogia o retórica barata.

Los llamados para la paz y la convivencia se han repetido en los últimos días, pues como está la situación ni hace falta encender fósforo, basta una chispa, para que se inicie el fuego, y el costo humano y social será otra desgracia mayor ocasionada por boca alejada del ético uso del cerebro.

Así se expresaba recientemente la Organización de las Naciones Unidas al referirse a la campaña y la cercana fecha de las elecciones: “Debemos ver a los sectores políticos, quienes tienen la responsabilidad de trabajar por un país mejor… Es urgente que todas las partes eliminen los discursos de odio y la incitación directa o indirecta a la violencia o discriminación y que en cambio promuevan la paz, la tranquilidad y la gobernabilidad democrática del país”. Más claro…

Mensajes propositivos demandan los jóvenes, quienes exigen “bajo toda circunstancia no crear, producir, compartir o difundir videos o fotografías o mensajes de odio, discriminación, intimidación y violencia que incentiven a la población a realizar actividades violentas que atenten contra la dignidad de las personas”.

Casi nada. Los nefastos búnkeres de la actividad en las redes ya están integrados, de manera que el bombardeo será hasta el minuto final de la votación, con empeño especial en el escrutinio y tras conocer los resultados de las urnas.

Hace unas semanas, la Conferencia Episcopal de Honduras expresó también su mensaje orientador: “Elegir a conciencia es el resultado de no haberse dejado influir por ninguna manipulación, a favor o en contra de los candidatos, es votar con verdadera libertad interior por los candidatos que consideres más idóneos, lo cual significa no votar en plancha y no ceder a la tentación de vender el voto o de votar por un interés particular”.

Esencia para un inteligente comportamiento en las urnas, en la que depositamos el libre contenido del voto. Al final lo importante es elegir, el voto solo es el cauce en el que expresamos nuestra responsable decisión como “inmejorable oportunidad para cambiar la situación y el rumbo que lleva nuestro país”.