A vacunarnos todos

Una curva que no termina de aplanarse y el aumento de muertes, sobre todo de mujeres en estado de embarazo, debe servirnos para comprender que vacunarse no es una opción, sino una obligación ciudadana. Porque aunque ninguna de las vacunas contra el covid-19 sea cien por ciento efectiva, ninguna vacuna lo es, también es cierto, y las estadísticas mundiales lo confirman, reducen considerablemente las hospitalizaciones, la gravedad de la enfermedad y las defunciones.

Argumentos serios contra la vacunación no existen, alegatos seudocientíficos y teorías seudoteológicas sí, pero ninguna basada en hechos comprobables, sino en la imaginación de algún alucinado o de algún ignorante.

El Estado, Gobiernos amigos y organismos internacionales se han ocupado de que, en este momento, se disponga de suficientes vacunas, de las casas farmacéuticas más importantes, para inocular a la mayor parte de la población en edad de recibirlas. Y si durante las primeras campañas de vacunación hubo lugares en los que se agotaron las vacunas y hubo que hacer largas filas durante varias horas, lo que tenemos ahora es que se han debido cerrar algunos centros de inmunización debido a la escasa asistencia de público.

Las personas que por motivos sin sustento científico no han querido vacunarse deben entender que, con su conducta irresponsable, están poniendo en peligro a sus seres queridos y se están convirtiendo, involuntariamente tal vez, en propagadores del virus. En algunos países del mundo, sobre todo en algunos europeos, se ha planteado la posibilidad de impedir el acceso a ciertos lugares públicos o a sitios cerrados, como centros comerciales, cines o museos, a quienes no porten su carnet o constancia de vacunación. Y este acto no puede nunca calificarse como uno de discriminación, sino de cuidado de la salud pública. Porque cuando una persona se vacuna no solo está protegiendo su propia vida, sino que está contribuyendo al bienestar de toda la comunidad y a lograr la detención de los contagios. De repente habrá que tomar en Honduras medidas semejantes para que todos los hondureños mayores de 12 años vayan a vacunarse y lleguemos así a alcanzar la tan ansiada “inmunidad de rebaño”. Y la aparición de nuevas variantes vuelve más urgente la aceleración del proceso de inmunización para que todos podamos estar seguros. Cada padre de familia, cada madre, además de haberse vacunado, debe asegurarse de que sus hijos mayores de 12 años acudan, a partir de la próxima semana, al centro de vacunación que les corresponda para que reciban su primera dosis. Solo así podremos, sobre todo, reabrir, de manera segura, escuelas y colegios para que el combate en contra de la ignorancia continúe.