Sueño “citadino”

Aquello de la ciudad que más crece desde México a Colombia quedó hace años en un capítulo soñador, pero cerrado, de la historia de San Pedro Sula. Hoy más que crecimiento hay que hablar de expansión poblacional arrolladora, sin acompañamiento de un desarrollo social dando respuesta a las necesidades básicas de la población.

Recientemente, LA PRENSA resaltó el problema de la expansión poblacional como resultado de la migración interna, en la que miles de familias se han guiado por el “sueño de la ciudad”. A medida que las políticas gubernamentales han mantenido en abandono el área rural ha aumentado el éxodo masivo hacia las zonas urbanas, entre ellas, las ciudades de la costa norte con pujanza por la industria de la maquila.

Pero no es oro todo lo que reluce y las ilusiones de quienes dejaron atrás la vida en el campo, donde también las penurias marcaban el día a día familiar, se fueron desvaneciendo y aquello de tener un “trabajito”, de que los hijos vayan a la escuela y al colegio, de tener un techo y un muy largo etc., es el drama, muchas veces tragedia, en la vida de miles de familias asentadas en los bordos o hacinadas en sectores sin servicios básicos.

San Pedro Sula, fuerte imán para migrantes por su creciente industria, es una imagen del crecimiento desordenado, del desborde poblacional, no solo por ceguera del gobierno local, sino por la magnitud del problema y la escasez de recursos, cuya mayoría se destina a obras en zonas de mayor plusvalía.

Los números y estadísticas no tienen sentimientos, pero son instrumentos sinceros para la interpretación de situaciones como las que nos ocupan. San Pedro Sula rebasa el millón de habitantes, pero solo el 20% de la población en edad laboral tiene empleo, aunque para los jóvenes la realidad es mucho más cruda con la pandemia y los desastres de los fenómenos naturales. “El divino tesoro” de Rubén Darío no halla espacio para brillar.

Sin trabajo, los problemas crecen, sobre todo para niños y jóvenes, para quienes se reducen las oportunidades en la educación y la ilusión de aportar a la familia mediante un empleo estable. La carencia de políticas reales y eficaces en desarrollo social, no solo económico, con destino en el mejoramiento de la calidad de vida proporciona este tan negativo panorama en los ámbitos nacional y municipal. La retórica que nos pregonaba la vuelta al campo es una necesidad tan real como imposible a corto plazo, ya que la miopía de políticos y gobernantes está condicionada por los votos de hoy y no por el bienestar de hoy y de mañana de los hondureños.