Remar al compás

Con remiendo tras remiendo vamos saliendo, aunque sea a última hora y con amargo descontento, de necesidades inmediatas, pero no de problema, cuyas raíces se hunden profundamente sin que podamos avizorar los hondureños sabias y prudentes decisiones para eliminar las malas hierbas y proporcionar más oxígenos a cultivos saludables y fértiles.

La superficial alusión a tareas agrícolas viene a cuento porque la política, su verdadero sentido y dimensión, están unidos a la gestión de iniciativas y preferencias, cuya encrucijada debe tener bien claro el rumbo del bien común y de la confianza de los ciudadanos, de manera que su selección es decisión de “honrados” políticos y quienes desde diferentes campos presentan planes encaminados al mejoramiento de la calidad de vida de todos los ciudadanos.

¡Casi nada! El esquema tradicional de aspirantes a ascender en el entramado partidista o nacional y de grupos sociales con mayor o menor influencia y peso se limitan a propuestas miopes y de visión particular, sin que al final confluyan propuestas tras la identificación de problemas, sobre los que habrá de desarrollarse la polémica y la controversia en la búsqueda y encuentro de proposiciones comunes, efectivas y de obligatorio cumplimiento.

¿Qué dice? Cada uno de los aspirantes a puestos de elección popular llevan su varita mágica, su fórmula mesiánica y su equipo que hará posible los cambios necesarios y en el menor tiempo posible. No es utopía que precisa de alto grado de inteligencia, sino retórica, arte que queda en la palabra, o demagogia, ruta apetecida para engañar deslumbrando, por lo que al desaparecer la luz la oscuridad es cada vez más profunda.

Cada cuatro años renacen las esperanzas, pero se impone por goleada la decepción al paso de los días con más de lo mismo en distinto envoltorio. El agravamiento de la situación por los golpes de los fenómenos naturales y la pandemia debiera hacer surgir un fuerte desafío por la renovación con la participación de todos los sectores sociales en clara confluencia hacia un consenso práctico como respuesta creativa a los graves problemas.

Rememos todos con ritmo y al compás o la nave no llega a puerto. Aunque vayamos en el mismo barco y la tormenta no golpee a todos por igual, en el naufragio colectivo nadie quedaría indemne. La política, gestión de respuestas creativas, no aparece en nuestro horizonte, en donde se centran claramente intereses que impiden incluso llegar a concretar prioridades identificadas y aceptadas plenamente para salir del abismo. Recordamos al crítico y editor estadounidense George Jean Nathan: “Los malos gobernantes son elegidos por los buenos ciudadanos que no votan”. Interpretación en la vida real.