Legitimidad y confianza

El historiador, filósofo y sociólogo francés Pierre Rosanvallon introdujo una expresión cuyo concepto es sumamente acertado no solo para los galos, sino para otras sociedades, incluida la nuestra. Señala que la sociedad de la confianza, a la cual deben aspirar todos los pueblos, al marcar un Gobierno la clave se halla no solo en la legitimidad, legalidad, sino también en la confianza. La desconfianza es necesaria para mantener en cintura el poder, pero puede alcanzar tal nivel que haga peligrar el vínculo Gobierno pueblo.

Para muchos hondureños, la puerta de la credibilidad fue cerrada hace años y no es que seamos incrédulos, dudemos a priori de lo que se nos dice o de lo que vemos, sino que son tantas las “verdades” encauzadas con abuso de la comunicación moderna que a la primera palabra respondemos con suspicacia, no venal, sino fundada en la abundante experiencia de décadas.

La pandemia puso al descubierto aún más las debilidades institucionales, sociales e individuales, de manera que todas aquellas expresiones de compra de vacunas, por ejemplo, de préstamos millonarios aprobados en sesiones virtuales, de su aplicación y otros asuntos, como aquel de la entrega del documento de identificación… ¿Quién les va a creer?

Ahora resulta que en este último caso los ciudadanos somos las víctimas una vez más de los enredos burocráticos y del manejo de los recursos sobre el que recae abundante suspicacia. He aquí la soga al cuello: si no nos vacunan, suspendemos la entrega del DNI.

En una sociedad con ciudadanos beligerantes, el planteamiento hubiera sido: cuando entreguen el documento a todos los ciudadanos, los empleados del programa de identificación tendrán prioridad en la inmunización. Algo parecido, aunque es distinta la naturaleza, ocurre con el desarrollo de las jornadas de vacunación, cuya lentitud tiene como única explicación la escasez de inmunizantes, explicación que va más allá de la escasez de recursos para su adquisición o el acaparamiento del mercado por parte de los países más ricos que prometen donar vacunas, pero dejan vencer el producto en sus bodegas.

Es todo un lío dentro y fuera, pero entre nosotros sabemos que se acercan meses difíciles tanto por la campaña proselitista como por las elecciones y sus resultados, y aquí el filósofo y sociólogo francés acentuaría aquello de una sociedad con suma desconfianza. ¿Habrá tiempo para sembrar credibilidad mediante la cual recuperemos la confianza? Los más escépticos y negativos recurrirán al dicho popular “cuando san Juan baje el dedo”, pero con cierto grado de optimismo, aunque sea mínimo, esperemos que la legitimidad del Gobierno sea consolidada con la confianza de la sociedad. Y para esto falta mucho…