¡Casi nada!

Millones a la palestra, la administración de Joe Biden, que desde la campaña proselitista abordó con humanidad el complejo problema de la inmigración irregular satanizado y criminalizado por el gobierno de Trump, da pasos no solo en el trato humano a los inmigrantes sino en la identificación y desarrollo de proyectos en Centroamérica que contribuyan a disminuir el éxodo, lo que más que un buen deseo se presenta como un descomunal desafío que exige sostenibilidad en los próximos años.

Las señales para desalentar la migración se han multiplicado al más alto nivel, aunque “obras son amores y no buenas razones”. Es decir, señal de ruta favorable es el reciente anuncio del Programa de Trabajo Temporal que ya es algo concreto para la entrada legal de migrantes. El número de visas es muy reducido, pero en la unión americana como en Europa hay trabajos, sobre todo en la construcción y en la agricultura, que los “nativos” rehúyen no solo por el salario sino por las largas jornadas en condiciones difíciles.

A futuro si el presidente Biden logra afianzar y consolidar su plan migratorio los permisos para las labores temporales se pueden incrementar considerablemente y, aunque no sea ahora puerta para arreglar papeles y recibir la residencia, puede que la eficiencia en el trabajo y el compromiso leal al contrato, así como la buena conducta y la integración a comunidad, sean carta de presentación efectiva para recibir residencia y ciudadanía.

Pero de momento, el secretario de Estado ha sido tajante: “La frontera no está abierta”, aunque con realismo y entendimiento de la vivencia en los pueblos centroamericanos “decir no vengan puede no ser suficiente”. Por lo que con crudeza apuntó directamente a las causas de masivo éxodo: “Debemos trabajar juntos para que sea más seguro para la gente de Centroamérica quedarse en casa sin miedo y con la esperanza de un futuro mejor”.

En el presupuesto del año fiscal 2022, que cubre desde el próximo octubre a septiembre del año próximo, hay una partida de 861 millones de dólares, como recursos para emprender una acción coordinada en Honduras, Guatemala y El Salvador que atraiga inversión y estimule el fortalecimiento social en el ámbito institucional, en la convivencia ciudadana y en la apreciación de valores nacionales. Casi nada, pero la ruta identificada como la más efectiva para contener la emigración es, sin duda, la calidad de vida en la propia tierra: oportunidad de trabajo con ingreso estable para la familia; seguridad y respeto a la vida; salud y educación; confianza, credibilidad desarraigando la corrupción e instituciones al servicio de los ciudadanos. ¡Casi nada!