Deudas

El que venga atrás que arree, es el dicho popular para expresar que otros habrán de cumplir compromisos que no crearon y, quizá, que muy escasa o en nada les beneficiaron. Lo alegremente recibido fue con mayor jolgorio gastado en vez de destinarlo, de inmediato o a largo plazo, a ser fuente de riqueza no solo para pagar a los acreedores, sino para incrementar los propios recursos.

Con la calificación favorable de valores o riesgos, no por avance, sino por estabilidad, mantiene su nota BB, se han multiplicado las declaraciones sobre la capacidad de endeudamiento de nuestro país y las puertas abiertas en el ámbito crediticio internacional, de manera que “tanto el Gobierno como la empresa privada pueden obtener financiamiento en condiciones favorables”.
De esto a tocar las puertas del crédito internacional no hay ni un paso. Al contrario, pues la fuente oficial nos sigue recordando cada día que se ha manejado responsablemente el endeudamiento y de acuerdo con los estándares internacionales.

Las condiciones sumamente favorables son 40 años para el pago, cinco de gracia, a gastar, después se pagará, e intereses bajos. Todo ello va dedicado a las próximas generaciones, cuya calidad de vida seguirá condicionada, más que hoy, a los compromisos financieros con la fractura social acentuada, reflejada en las escasas oportunidades de trabajo, aumento de la pobreza, precarios sistemas de salud y educación.

Prolongación del hoy, pero con mayor número de cobradores a la puerta. Explicar la situación como efecto, primero de la pandemia y posteriormente de los dos fenómenos naturales que trágicamente azotaron a nuestro país, es encerrar la mirada en la inmediatez y, aunque no se pueden negar los graves daños del año pasado, hay que acentuar el análisis en el manejo de los recursos internos, puesto que el incremento del abultado déficit fiscal con significativos menores ingresos y el necesario aumento en egresos no ha hallado respuesta oportuna y real de recortes en el presupuesto para reencauzar lo poco que queda a la emergencia que se contrae en compras y contratos, no pocas veces apañados.

La viceministra de Finanzas resumió la situación: pérdidas de unos 2,100 millones de dólares, cálculo a “ojo de buen cubero”, y una caída de los ingresos alrededor de 25,000 millones de lempiras, que marca un 21% de lo presupuestado sin respuesta conocida o desconocida de reconsideración en las cuentas de 2021. Hubo que recurrir al financiamiento interno y externo, pero hay que apostillar, según la misma fuente oficial, que “el manejo del endeudamiento ha sido responsable y se halla dentro de los estándares internacionales”. Amén, pero ya veremos las lágrimas y escucharemos los lamentos en las próximas administraciones.