La educación después de la pandemia

Ahora que, finalmente, ha comenzado el proceso de vacunación contra el covid-19 de manera masiva y que, por lo mismo, será cuestión de meses para que recuperemos la tan ansiada normalidad, es urgente que los actores más importantes de la vida nacional, Gobierno, empresa privada, gremios profesionales, centrales obreras, sociedad civil y la ciudadanía en general, comencemos a pensar en el país que vamos a construir inmediatamente después.

Es evidente que todos los sectores productivos y la misma vida social se ha visto seriamente afectada por esta coyuntura sanitaria y que los desafíos a enfrentar serán imponentes, pero hay sectores que deben desde ya definirse como prioritarios para sumar esfuerzos y brindarles el apoyo que sea necesario para que su recuperación se realice de la manera más pronta y se reduzcan las consecuencias negativas, que ya son notorias.

En este sentido, el sector educación debe ocupar un lugar de privilegio y recibir toda la atención que merece. Si somos objetivos y sinceros, la mayoría de nuestros niños y jóvenes saldrán de la pandemia con dos años de escolaridad perdidos. La regla ha sido que, a pesar de los esfuerzos de las autoridades del ramo, tanto en el plano nacional como en el regional y en el local, miles de estudiantes de los niveles primario y medio han abandonado sus estudios por diversos motivos.

En el fondo ha sido un tema económico; equipo y conectividad cuestan dinero, dinero del que muchos padres carecen. Luego ha habido otros factores: capacitación de los docentes, disponibilidad limitada de equipo entre los mismos profesores, suficiente material digital para satisfacer las necesidades del proceso de enseñanza-aprendizaje, etc. Si ya la deserción era un grave problema en nuestro sistema educativo, el fenómeno se ha agudizado con la pandemia y, en la costa norte, además, por los efectos de los fenómenos tropicales que azotaron la zona a finales de 2020.

Es desde ya indispensable que se defina, con el concurso de todos, un amplio plan de “reconstrucción” de nuestro sistema educativo, sobre todo en el gubernamental, que es el que posee la mayor cobertura y el que ha recibido los mayores daños. Debe, también, aprovecharse la circunstancia para dar un salto cualitativo en el diseño del currículum escolar y en sus aspectos instruccionales y operativos para incorporar la tecnología a todas las áreas del conocimiento y superar el rezago que se tenía en ese sentido. El reto es enorme, pero, por el futuro del país, debemos asumirlo, y esto ya. No podemos darnos el lujo de llegar tarde a semejante cita con la historia como lo hemos hecho tantas otras veces.