Los triajes

A partes iguales es la expresión que señala una responsabilidad compartida a un mismo nivel por las partes, de tal manera que volver la vista hacia otro u otros no es más que carencia de ética y mucho cinismo. Este es el panorama, escenario en que transcurre la tragedia de la pandemia. Lo de los hospitales móviles es agua pasada que no mueve molinos o retenida, como la justicia. Las vacunas, otro viene y va con la diferencia abismal de millones a vacunar y solo miles de dosis, lentamente, llegando.

Más grave es el asunto de los triajes, que van cerrando por carencia de recursos no solo en pequeñas o medianas poblaciones, sino en ciudades, donde la demanda se multiplica en términos reales, tal como muestra la hospitalización de enfermos, cuya gravedad refleja la tardanza en la detección del virus. Ahí estaban en esos centros de urgencia provisionales para la atención a los ciudadanos como primer paso, muy eficaz, de lucha contra la pandemia.

Los ejemplos están a la vista y en todos ellos la causa primera es la carencia de recursos, pues, aunque en el Gobierno se diga de la ayuda a las municipalidades, Finanzas no sabe de dónde tirar para que los triajes sigan funcionando y los ciudadanos no se desplazasen a otros municipios en busca de atención temprana y oportuna.

En Francisco Morazán son cinco los triajes cerrados. Algunos desde el inicio de año. Otros más recientes, como los de Ojojona y San Ignacio, han reanudado labores. Las elecciones primarias y las vacaciones de verano están pasando factura, y aunque se haya eliminado el espacio informativo oficial sobre el avance de la pandemia, el dolor inmenso de víctimas y familiares queda plasmado en los medios y en las redes sociales.

Es lo que hay, respuesta simplona de la administración y sus funcionarios, que siguen sin estar a la altura de las necesidades, mucho menos ahora cuando se agotan los recursos, las fuentes de financiamiento recelan y hasta las vacunas llegan con la etiqueta de donación, por lo que los reclamos la comunidad internacional lo interpreta con la sabiduría popular, mendigo y con garrote.

En San Pedro Sula hay lo que falta, y aunque parezca una aberración literal o un desliz mental el letrero en un local del bulevar del norte da la razón. Haces meses se cerró un centro de atención temprana. Corrieron a buscar y hallar una solución. La próxima semana se abre… sigue en el aire. Un ladrillo mal puesto, una baldosa levantada, unas mangueras o la pata de una silla han impedido que el sustituto del triaje cerrado ayude a combatir la pandemia.
Es lo que hay…