En el vecindario

“Se van todos” es la rotunda expresión del presidente de El Salvador, que se completa con el “quedamos solo nosotros”, que, si no ha sorprendido interna e internacionalmente, pues se veía venir, sí ha causado sorpresa. La deriva del Gobierno salvadoreño es justificada en el voto popular, cuyo mandato “no es para negociar”. Otro mesías con el manejo de redes sociales para echar leña al fuego.

Tras instalar el nuevo Poder Legislativo con mayoría oficialista, para hacer y deshacer, quedó en evidencia lo ya preparado. El golpe al Poder Judicial y a la Fiscalía, de manera que la administración Bukele dio un paso más en la concentración del poder, a semejanza de otras “dictaduras democráticas”, y como es de “incumbencia” propia aquello de “ten cuidado”, no tiene cabida en la agenda personal.

Son tres los poderes del Estado, pero como señalan críticos chistosos, uno con más poder que los otros dos, tal y como se refleja en países, como los nuestros, donde la presidencialista se ha centrado en el Poder Ejecutivo, que con un “se van todos” o con veladas imposiciones o presiones muestra quién manda en repúblicas de las que no acaban de cuajar los contrapesos para impedir los abusos arriba.

Estas han sido las reacciones generalizadas en el ámbito internacional por la destitución de los magistrados propietarios y suplentes de la Sala Constitucional con los reemplazos listos. Similar movimiento se desarrolló contra el fiscal general, cuyo sustituto estaba a la puerta en horas de la madrugada para aceptar el nombramiento. Miseria, corrupción, inseguridad y desesperanza generadas en un largo y nefasto pasado fueron explicación para hacer lo que se hizo y lo que se hará. ¡Casi nada!

La alta comisionada de la ONU para los Derechos Humanos, Michelle Bachelet, alertó dizque una “alarmante tendencia hacia la concentración de poder”. No es tendencia, es un hecho innegable que “socava gravemente la democracia y el Estado de derecho”. “Tenemos profundas preocupaciones sobre la democracia en El Salvador”, expresó la vicepresidenta Kamala Harris. Los países de la Unión Europea y numerosas organizaciones gremiales y sociales expresaron su temor, inquietud, por la “usurpación” en el Poder Judicial.

La deriva del poder en el vecino país es evidente, lo cual debiera servir de lección. Harto el pueblo de pobreza, corrupción e inseguridad, temas calientes en la campaña, pueden convertir su desesperación en un mal mayor que concentre poderes y atrapar el organismo electoral por decisión de mayoría parlamentaria y así presentar otro país más con “dictadura democrática”.