Deudas

“Apretarse la faja” es la expresión popular cuando los recursos escasean, no hay de dónde estirar y los préstamos nos recuerdan aquello de comida hoy, hambre mañana cuando el gasto consume los créditos en lugar de abrir fuentes de creación de riqueza o, en tiempos de epidemia, camino hacia la reactivación económica para mejorar la calidad de vida con beneficio gradual para todos.

Los créditos surgen de diversas fuentes según la necesidad, el organismo o empresa que proporciona los recursos con los respectivos intereses concesionales o no. Recién el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) anunciaba millones de dólares para respaldar los esfuerzos en la descomunal crisis que atraviesa Honduras. La deuda externa cabalga a galope y ya aquellos “felices tiempos” de condonación no solo se han olvidado, sino que sus montos han sido superados en un par de décadas. Las cifras asustan porque es el reflejo de un gasto permanente con cargo a las generaciones venideras puesto que los préstamos llevan leyenda: años de gracia y décadas para pagar.

Claro que, para sobrevivir, más en tiempos de pandemia o de devastadores fenómenos naturales, se necesitan recursos para seguir a flote, alejar los peligros de hundimiento y llegar a tierra firme donde cimentar un hogar colectivo seguro. Las cuentas están claras, aunque la vista se desvíe de ellas y la deuda pública interna se convierta, cada vez más, en una de las principales fuentes de financiamiento para que la notable caída de la recaudación tributaria sea suavizada con la emisión de títulos valores, carga para los que venga atrás. El cálculo para el compromiso crediticio interno del año pasado fue ampliado en casi diez mil millones de lempiras. En los primeros cuatro meses de 2021 ya se ha ejecutado el 53.2% lo que presagia que las cuentas quedaron cortas con la consecuente necesidad de aumentar las disponibilidades, pero no por la vía normal de los tributos, pues no está la economía para ello, sino recurriendo al crédito interno.

Lo incomprensible, no solo para los profesionales de la Economía y Finanzas sino para el pueblo, es que no ha aparecido ninguna iniciativa para disminuir el gasto ordinario, léase asignaciones complementarias para funcionarios con reducción concreta y específica en cada Secretaría de Estado, en el Congreso Nacional o en organismos descentralizados. Incluso aquellos sueldos por las nubes fuesen racionalmente reducidos de manera que hubiese más recursos para salud que tanto necesita, educación y reconstrucción de la red vial. Arriba no “se han apretado la faja” y, claro, se han disparado las necesidades, disminuyó la captación de recursos y a endeudarse para seguir el jolgorio.