Bordos de azúcar

Con la llegada de la temporada lluviosa y unos pronósticos que deben movernos al menos a actuar con responsabilidad, es necesario que todas las entidades que tienen competencia en la protección del valle de Sula reconozcan la urgencia de poner los medios para que no se repita la situación dramática de noviembre de 2020.


Los bordos, en los que hace décadas se puso la esperanza para evitar las inundaciones, han sido calificados por algunos como “bordos de azúcar”, es decir, tan frágiles y susceptibles a la acción del agua y que poco pueden ayudar a detener la fuerza de las corrientes, por lo cual deben ser reparados y reforzados para que puedan resistir y den la protección indispensable a las personas y sus bienes. La zona productiva más importante del país, la de mayor crecimiento de la región, la que alimenta sustancialmente las arcas del Estado, debe recibir el tratamiento y la ayuda que se merece.


Desafortunadamente, los bordos no solo han sido dañados por los fenómenos naturales, también han sido debilitados por los que viven cerca de ellos y por personas inescrupulosas que no han sabido medir la importancia que tienen para toda la zona. Entre la naturaleza y la inconciencia de muchos, se ha puesto en peligro y causado grave daño a miles de hectáreas de cultivo, a igual cantidad de personas y a los bienes obtenidos durante años de esfuerzo y sacrificio.


La importancia del asunto es tal que no solo compete a la municipalidad de San Pedro Sula y al del resto de municipios del valle, sino al Estado hondureño. La riqueza que se produce en la zona beneficia al país entero, y cuando la economía del valle se deprime, se siente también en toda Honduras.


Ya estamos sobre tiempo. Hay obras que debieron realizarse hace décadas, pero no tiene sentido hacer reclamos extemporáneos ni dedicarnos a lamentarnos. Lo que hay que hacer es actuar con diligencia, volver operativos los planes y proyectos que, desde hace años, están plasmados en papel, pero no se han ejecutado. Se sabe que el costo es grande, pero más grande es el peligro de las inundaciones y las pérdidas humanas y materiales. No podemos esperar a estar, literalmente, con “el agua al cuello” para tomar decisiones.


Ya ha comenzado a llover en el sur y en el centro del país, pronto lloverá en el valle de Sula, y, luego, llegarán disturbios, tormentas y, Dios no quiera, huracanes, así que manos a la obra.