Lo que sea, sonará

Unos van y otros vienen, así es la vida, es el dicho popular para señalar que la eternidad no es para personas, situaciones ni cosas materiales, pero sí para rectificaciones y cambios pese a las negativas no pocas veces absurdas y solo explicable desde el fracaso del interés individual. Habló el Consejo Nacional Electoral, CNE, y todo quedó listo para el capítulo definitivo en el mes de noviembre.

Los cuestionamientos a resultados provisionales no cambiaron la tendencia afianzada en el primer momento con victoria claramente definida en los tres partidos, dos de los cuales hicieron uso hasta el final de impugnaciones con necesidad de recuentos hasta la víspera de la declaratoria oficial. A la espera de la publicación de los datos, los pocos descontentos anuncian estar listos para seguir la “pelea”.

En el organismo electoral abundaron las autoalabanzas, intentando proyectar una imagen de víctima como si en la historia de las elecciones en Honduras no hubiera habido controversias y rechazo de resultados. He aquí lo que señala la consejera presidente del CNE: “Hemos hecho eco de la prudencia en momentos cuando se desataba la mayor campaña de descrédito que institución alguna haya sufrido. Supimos reaccionar con humildad…”

No será para tanto porque bien sabemos todos que cada uno habla de la feria según le va en ella. Así ha sido nuevamente y lo será en noviembre con el agravante de que las amenazas se anticipan con la excusa de que “siempre ha sido así” a la que se pegaron aquellos inmaculados, portadores de bandera de transparencia. Suficientes problemas nos siguen aquejando gravemente para que se mantengan por intereses personales echando leña al fuego.

La afluencia a las urnas refleja no sólo el vacío o debilidad de las propuestas, sino los meses trágicos que seguimos viviendo los hondureños que ya hemos adoptado aquello de “al mal tiempo buena cara”, aunque no logramos crear el ambiente más favorable para seguir el consejo: “Al mal trago dale prisa”.

El último domingo de noviembre debiera ser evidencia de algo distinto, tanto por la crisis sanitaria de la pandemia, el descalabro de la economía con aumento del desempleo y la pobreza como por la sinceridad y decencia de los políticos, hoy con muy bajo nivel de confianza y credibilidad.

Está claro que cada candidato da su interpretación al número de votos en las urnas y que, incluso antes de terminar el conteo, el mercado proselitista electoral ha ido haciendo espacio en la búsqueda de entendimientos para alianzas, nada fáciles, entre quienes resintieron el fallido de la voluntad popular. Lo que sea sonará…