Una amistad fructífera

Este mes de abril se cumplen 80 años desde que nuestro país estableciera relaciones diplomáticas con la República de China (Taiwán). Desde entonces, Honduras y Taiwán han construido una sólida amistad cuyos frutos son más que evidentes.

Después de Estados Unidos y, tal vez, España, Taiwán ha sido el país que más nos ha acompañado, en las últimas décadas, a enfrentar los distintos retos que la búsqueda del desarrollo ha puesto ante nosotros.

Ampliamente conocida ha sido la asistencia técnica que, en distintos rubros, tanto en la ganadería como en la agricultura, Taiwán ha brindado en los cuatro puntos cardinales de Honduras.

También se ha sabido del permanente apoyo, junto con empresas locales, a la restauración de instalaciones escolares e, incluso, a la donación de aulas nuevas en distintas comunidades rurales del país.

Pero, además, uno de los aportes más trascendentales que la nación taiwanesa ha realizado y continúa realizando a Honduras son las becas con las que cientos de connacionales jóvenes han resultado beneficiados para realizar estudios en prestigiosos centros de estudios superiores de la isla, con lo que no solo se ha colaborado con las familias de estos afortunados muchachos y muchachas, sino con el país entero, puesto que esos nuevos profesionales, muy bien preparados en distintas ramas del saber, contribuirán notablemente al desarrollo científico y tecnológico de nuestro país.

Algo importante de destacar es que, si bien es cierto Taiwán es pequeño en cuanto a extensión territorial y posiblemente no cuente con la abundancia de recursos financieros con los que cuentan otras naciones igualmente desarrolladas, no ha escatimado esfuerzos para extender su mano solidaria con el pueblo hondureño.

Por lo mismo hay un compromiso moral con Taiwán y con los taiwaneses que nos obliga a corresponder a esas muestras palpables de amistad con una lealtad a toda prueba, aunque haya ofertas e insinuaciones procedentes de China continental. No hay que olvidar que, además de la ayuda que Taiwán nos ha brindado, nos une a esa nación una idéntica preocupación por el mantenimiento de los principios democráticos, del respeto a los derechos humanos y a la libertad de conciencia y religión, tan acendrados en la sociedad taiwanesa.

Larga vida, pues, a la fructífera amistad entre Honduras y Taiwán.