Urge lección

Un paso significativo, pero solo un paso más ha dado el Ministerio Público en el espinoso, oscuro, corrupto y desgraciado asunto de los dizque hospitales móviles que siguen moviéndose, pues tras un año de la gestión y pago unos se hallan en camino y otros han entrada en análisis y discusión de su uso que será para lo que sea, pero no para pacientes de la pandemia.

Con la presentación del requerimiento fiscal y la detención del exdirector ejecutivo y gerente administrativo de Inversión Estratégica de Honduras, Invest-H, el proceso ha entrado en una nueva etapa que acercará al final con un fallo en el que el clamor de justicia sea el eco masivo y ensordecedor de las numerosas víctimas del coronavirus.

En fuente oficial, la labor de los fiscales en los últimos meses ha sido “seria, responsable, rigurosa y muy minuciosa”, calificativos que deberán ser refrendados durante el juicio para que no rebase más la “indignación” de los hondureños, sino que haya una voz clara de la justicia con todos los agravantes del caso que son muchos, puesto que la emergencia fue distorsionada en provecho particular por las facilidades administrativas en el uso de los recursos públicos.

La parte defensora de los acusados calificó la acción de aprensión como “trampa”, puesto que su detención se llevó a cabo mientras declaraban sobre la compra de medicamentos. Era hora ya. Pese a la labor investigativa, acumulación de pruebas y obtención de documentos, más de uno “fantasma”, la exigencia colectiva desde el primer momento en que se conoció la dimensión del caso y se destituyó a los ejecutivos no era otra que su captura. Como dicen en el pueblo “más vale tarde que nunca”.

Y ahora a seguir de cerca el proceso que será en “tiempo y forma”, como dicen los abogados, pero también con la mayor rigurosidad que marque la ley que, de ninguna manera, alcanzará el nivel de la justicia; pero la ley es la ley, aunque se traduzca en este y otros muchos casos en injusticia. Maximum jus, maxima injuria, sabiduría del derecho romano para señalar la radicalización en la letra, en los detalles de la ley con escondidas intenciones.

No deben crear confusión. Las víctimas están de un solo lado y a ellas habrá que hacer justicia, aunque para muchos llegue tarde, pero Honduras urge de lección en los tribunales y dureza, no apaño, en la labor legislativa, quizá así enderecemos el rumbo con beneficios hoy, pero, sobre todo, para las generaciones venideras que puedan convivir sin la amenaza continua de la corrupción con el manto de la impunidad.