Doloroso

Son reportajes conmovedores e imágenes impactantes, recogidos por todas las agencias de prensa internacionales y publicados por la gran mayoría de medios de comunicación en el mundo. Artículos que desnudan la precariedad de la que escapan hombres y mujeres que migran porque ven en Estados Unidos una oportunidad de mejorar sus vidas.

Uno de esos reportajes es el de una niña hondureña que con apenas siete años cruzó sola la peligrosa ruta de la frontera, una historia insólita relatada por un periodista de The Associated Press (AP), que muestra el grave problema de la migración.

Esta pequeña fue dejada en México por su padre, tras 22 días de viaje desde que salió de Honduras. Al llegar cerca de la frontera dejó a la niña con un muchacho que prometió que cruzaría con ella el río Bravo para llegar a Texas. Pero el joven la dejó a su suerte.

La menor iba sola junto a un grupo de inmigrantes que caminaban a medianoche por el valle del río Bravo, soportando bajas temperaturas y acosados por agentes fronterizos que sobrevolaban la zona.

Estaba llorando, con frío, hambre y miedo cuando una mujer se apiadó y le ofreció acompañarla hasta encontrar una patrulla fronteriza, señala el artículo de AP.

Esta niña de siete años debería comenzar ahora su tercer grado, pero perdió de estudiar el segundo por la pandemia y la incapacidad del sistema educativo hondureño de sostener clases virtuales. La situación de su papá, quien tomó la decisión de dejarla sola en la frontera, es la misma de la mayoría de quienes se embarcan en esta odisea: víctimas de la pobreza y desempleo.

Entre el 28 de febrero y el 20 de marzo han detenido en la frontera a más de 60,000 adultos solteros y a 32,000 familias. Y están en custodia 11,000 menores no acompañados cuyos padres los mandan en busca del asilo que se les otorga a los que tienen parientes en EE UU. Por ahora, a estos menores se les reubica con citas para presentarse en tribunales de inmigración.

El padre de esta niña, protagonista de esta historia, la mandó porque tienen un familiar en Carolina del Sur. Hizo lo mismo que hacen estas familias que deciden mandar solos a sus hijos, esperando que tendrán que recibirlos porque tienen un familiar viviendo allá.

Pero, es imposible imaginarse la angustia de ver partir solo a un hijo, someterlo a toda clase de peligros en esa sórdida ruta, una decisión terrible que nadie debe tomar, porque puede resultar en una vida cargada de traumas o en una tragedia. También es doloroso ver cómo hay tantas familias hondureñas que han llegado a estos desgarradores niveles de desesperación.