Descanso responsable

Después de un año de confinamiento, estricto al principio, relativo en estos días, la mayoría de los hondureños esperamos con cierta ansia el descanso que provee la Semana Santa. Unos días en los que, además de poder reflexionar sobre los hechos históricos que nos narran los Evangelios, sirven también para estar cerca de los seres queridos y para salir de las muchas veces perniciosa rutina que produce fastidio y que agobia a más de uno.

El año anterior la Semana Santa nos agarró en el inicio de la pandemia, con el sistema de transporte paralizado, la industria turística en suspenso y con el natural miedo a los contagios y a sus consecuencias. Además de los problemas económicos, generales y personales, que ya se veían venir, el estado de ánimo de la población no era el mejor y la situación de incertidumbre, nacional y mundial, ponía un freno a todo intento de vivir con normalidad este necesario reposo anual.

Hoy, aunque el proceso de vacunación marcha y se amplía diariamente, no hemos aún logrado controlar y domesticar la tan llevada y traída curva. Los fallecimientos superan las 4,000 personas y los contagiados que han podido ser incluidos en los reportes estadísticos se aproximan a los 200,000. De ahí que, aunque queramos vivir un tiempo de descanso lo más normalmente posible, no debemos cometer el error de caer en la ilusión de que la pandemia ha terminado y que, con el sol y el mar enfrente, el covid-19 se ha vuelto menos agresivo o ya va en declive.

La industria del descanso y el entretenimiento está poniendo todos los medios a su alcance para que podamos tener una temporada segura y para que no vaya a suceder algo parecido a lo que las fiestas decembrinas provocaron: hospitales saturados, centros de triaje llenos, repunte en contagios y en fallecimientos. Al final, solo la conducta responsable de cada vacacionista, de cada ciudadano, podrá evitar que la diversión se convierta en motivo de luto y de dolor.

Luego de las millonarias pérdidas sufridas por la industria sin chimeneas a lo largo de los últimos doce meses, ojalá pueda darse alguna recuperación y que los puestos de trabajo puedan reactivarse, pero todo debe desarrollarse en un ambiente de responsabilidad y con toda la cautela que la situación impone. Lo mismo debe hacerse durante las visitas a familiares y amigos. La prudencia debe ser el denominador común a lo largo de la semana que viene.