La frontera

Entre todos los temas que tenemos encima —acusaciones de narcoestado, denuncias de fraude electoral, las vacunas que no llegan, los hospitales móviles que son inútiles, la pandemia que no acaba, etc.—, el de la migración ha venido tomando dimensiones peligrosas que arriesgan los ofrecimientos de mejorar la situación de los hondureños en Estados Unidos.

Porque mientras en Washington, la Cámara de Representantes aprobaba los dos proyectos de ley de reforma migratoria para regularizar a cerca de cuatro millones de indocumentados, en la frontera ha reventado una nueva crisis por la afluencia masiva de migrantes.

La primera iniciativa, aprobada con 228 votos a favor y 197 en contra, está centrada en cerca de dos millones de jóvenes “dreamers” y abre la vía para la ciudadanía de los inscritos en el Estatus de Protección Temporal (TPS), que beneficia a unos 400,000 centroamericanos y haitianos.

La segunda iniciativa favorece a un millón de trabajadores agrícolas y fue aprobada por 247 votos a favor y 174 en contra. Ambas iniciativas, de acuerdo con el gobierno de Joe Biden, son parte de la reforma migratoria que están impulsando para la regularización de 11 millones de inmigrantes.

Los dos proyectos de ley —que aún tienen un difícil camino que recorrer en el Senado—, se han tropezado con la llegada de decenas de miles de menores no acompañados y familias migrantes en la frontera con México, lo que ha servido de excusa a quienes rechazan las iniciativas.

La crisis fronteriza ha estallado cuando los indocumentados son devueltos a México, donde aguardan a la intemperie, esperando volver a cruzar empujados por la desesperación y la penosa situación porque ahora no hay ni refugios que los reciba ni funcionarios que les atiendan.

El asunto es más grave cuando hay casi 14,000 niños que cruzaron la frontera por su cuenta y que actualmente permanecen bajo la custodia del Gobierno, menores con un futuro incierto.

El flujo de migrantes que quedan atrapados en la intemperie, los niños en custodia y la frontera cerrada con mayores restricciones por el covid-19, son suficientes motivos para que se hable de una crisis migratoria en ambos lados de la frontera, promoviendo severas críticas en el peor momento. Porque, en estos días, lo que se necesitan son más argumentos que favorezcan la aprobación de leyes para la legalización de quienes por años han vivido, trabajado y estudiado en Estados Unidos.