Atacar las causas de la migración

Tanto el presidente Joe Biden como funcionarios de la Casa Blanca han asegurado que su propuesta sobre migración va más allá de la regularización de los “no ciudadanos” que están en Estados Unidos y de mejorar el trato de quienes llegan pidiendo asilo. Ese proyecto también busca detener el flujo de personas, sobre todo del triángulo norte de Centroamérica, atacando las causas de la migración irregular.

El propio secretario de Estado, Antony Blinken, conversó en los últimos días con los cancilleres de Honduras y El Salvador sobre la decisión del Gobierno de Estados Unidos de trabajar con ambos países para atajar esas razones que empujan a emigrar.

Ese plan integral y de largo plazo, han anunciado, se basa en la cooperación con las naciones centroamericanas y México, creando oportunidades, mejorando la seguridad y enfrentando la corrupción. Ven la necesidad de promover el desarrollo de Guatemala, El Salvador y Honduras, origen de la mayoría de los cientos de miles de migrantes sin papeles que buscaron ingresar por la frontera sur en los últimos años.

Porque está claro que si no se ataca la pobreza y la inseguridad, la situación no va a cambiar, y que tenemos el grave y vergonzoso problema de la corrupción, del abuso de poder de servidores públicos que han demostrado su falta de moral y de humanidad.

Crear ese entorno que ahora ofrece apoyar la administración Biden, un entorno propicio para generar oportunidades económicas y de desarrollo que frenen la huida de ciudadanos, pasa por reforzar la rendición de cuentas y la transparencia de las instituciones de estos gobiernos de la región, castigar el abuso de poder y resolver los altos niveles de impunidad.

¿Cómo atajar la corrupción? Ese enfoque de EE UU aún no está claro. Puede ser empujando de nuevo un mecanismo anticorrupción, algo similar a la Macchi y Cicig, pero regional, o bien apoyando el trabajo y, si fuera el caso, la reestructuración de las fiscalías en estos países.

Retirando más visas a funcionarios acusados de corrupción, reclamando otras extradiciones y colaborando con mayor frecuencia en la investigación de casos complejos a través del FBI o la DEA. Ejerciendo mayor presión contra estos países.

Ese cáncer hay que atacarlo si queremos soñar con entornos de desarrollo. Porque no basta con reanudar los programas de ayuda de EEUU si sabemos que es la corrupción el principal origen de la pobreza y la inseguridad de las que huyen los migrantes.