La sartén y el mango

La radiografía de San Pedro Sula muestra las secuelas de ausencia en planificación efectiva, es decir, estudio y prioridades, pues los problemas son tales que como bola de nieve montaña abajo aplasta con medidas cosméticas más de cara a la audiencia, pues, como señala un exalcalde, nadie quiere agarrar la sartén por el mango.

El problema de los mercados en la Capital Industrial del país es de larga data. La miopía e intereses particulares dictaron la acumulación de las áreas comerciales populares. A lo largo de la 7 calle sureste se halla el decano, Medina Concepción. A pocos metros, no es exageración, se instaló El Rápido y, casi a milímetros, esto sí es exagerado, en algún tiempo zona verde y receptora de los juegos en la feria apareció el Dandi, que se llevó, con la venia de las autoridades, hasta la acera de la avenida Juan Pablo II.

Y desde entonces ha llovido mucho y la expansión urbana no ha recibido una respuesta sensata para llevar los mercados a la población y evitar la aglomeración, los desplazamientos con pérdida de aceras y calles en torno a los mercados o áreas de influencia.

Para muestra un botón. Continúa por años el pleito por el predio cercano a la Central Metropolitana de Buses, donde se construiría un mercado para descongestionar el centro de la ciudad y proporcionar condiciones saludables en los puestos de venta y seguridad para los compradores. Este es un sueño que, como el Plan Maestro, reposa en la tranquilidad sin signos de abrir los ojos.

La solución va de la mano con ocho mercados ideados, pero con 80 millones de dólares necesitados. Casi nada en tiempos de pandemia y desastres naturales. No se trata del “bulto” completo, pues las finanzas, a falta de identificación en obras prioritarias y necesarias, no alcanza para todo.

Si en la administración local y nacional se aplicase el dicho “despacio que llevo prisa” no habría desorden ni caos, pues los desafíos estarían plenamente desligados de intereses ajenos a la comunidad y enfilados plenamente a necesidades agobiantes como la invasión, por años, del centro de la ciudad.

“Soñaba el abad de San Pedro…”, escribía el Sabio. Los sampedranos también soñamos en que un día cercano se rescate el corazón de la Ciudad de los Zorzales y quizás volvamos, sobre todo los mayores, a recorrer la avenida de El Comercio y señalar la estación cuando alguien pregunte una dirección. La pérdida de calles y la inseguridad han empujado la demanda comercial y los ratos de entretenimiento hacia instalaciones modernas y cómodas en sectores fuera del desordenado centro urbano.