La vacuna

Es un tema prioritario y lo seguirá siendo en los próximos meses: la vacunación contra el covid-19 que ahora se ha convertido en un motivo de mayor desasosiego, en vez de traernos la tranquilidad de esperar con optimismo ese futuro prometido de la nueva normalidad.

La efectividad de estas vacunas es uno de los enfoques que más preocupa, porque todos los días hay nueva información. Lo último que se sabe es que la vacuna rusa, la Sputnik V, tiene un 91.6% de efectividad para prevenir el covid-19 sintomático y es 100% efectiva para prevenir una enfermedad grave. Varios países en Latinoamérica la van a recibir, pero Honduras no está en esa lista.

La vacuna Pfizer/BioNTech –que ya se aplica en Europa y Estados Unidos– es la de mayor éxito con una efectividad del 95% para prevenir infecciones sintomáticas, y la Moderna con 94% de efectividad. También está la china Sinovac, con solo un 49.62% de eficacia en promedio, y la vacuna de Johnson & Johnson que es 66% eficaz.

La vacuna Oxford/AstraZeneca, la que recibiremos primero en Honduras, reduce la transmisión del virus, pero su eficacia se estima por mucho en un 70%. Llegará a finales de febrero o principios de marzo, de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), aunque, asegura el Gobierno, ya se iniciaron gestiones para acceder a un lote de la vacuna más eficaz, la Pfizer, para los trabajadores de salud.

A su favor hay que destacar que la vacuna de AstraZeneca es más barata y más fácil de almacenar, porque no necesita estar a muy baja temperatura, características que la hacen más adecuada para las campañas de vacunación masiva.

Además de la eficacia de estas vacunas, está el tema de la desesperada carrera de los países pobres por conseguir por su cuenta, sin esperar a la OMS, las suficientes dosis, porque ya las naciones ricas se han hecho con la mayor parte del suministro de este año.

El 70% de las dosis aplicadas en el mundo se han administrado en los 50 países más ricos en comparación con el 0.1% administrado en 50 países más pobres, según la Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja.

Esto es alarmante e injusto y podría prolongar y agravar la pandemia cuando se sacrifica a quienes están en mayor riesgo, en unos países, para que se vacunen los de menor riesgo en otras naciones. Y en este escenario de países ricos y pobres, queda claro que la moral de la humanidad también ha sido duramente golpeada por esta pandemia.