Prioridad es prioridad

La pandemia sigue mostrando la inmensa capacidad de los hondureños, léase irresponsabilidad, en actitudes y acciones individuales y colectivas que están generando colapso en el ya de por sí endémico sistema de salud, cuyo personal se halla harto y resiente los efectos en su vida personal y en la familia.

¡Tienen el pleno derecho a protegerse!

Gran parte de la población vive o intenta sobrevivir como si no pasara nada. Pese a los dramas diarios, muchos se hallan en una burbuja mental absurda que justifica el mal de los otros en aquello de que el problema es de quien se contagie, error que resulta fatal diariamente con aumento en el número de víctimas fatales y la ausencia de seres queridos en familia.

El incumplimiento de las medidas de bioseguridad y la ausencia de coacción e, incluso, represión, contribuyen directamente a la expansión del contagio, tal como viene ocurriendo en las primeras semanas del año. Nada extraño que el gremio médico y el personal de enfermería hayan reiterado su protesta, pues las consecuencias de la irresponsabilidad y el desatino llegan a ellos.

Entre nosotros no ha aparecido, ni falta que hace, el movimiento “negacionista”, sino que el avance y la expansión del virus va de la mano de personas normales. Algunos atenidos a un exceso de confianza en el ámbito familiar. Otros, echando mano de su pobreza. Y unos terceros, apelando al más alto grado de irrespeto por los demás, señalan que mejor es vivir viviendo que no encerrado pasar los días.

No es por moralizar, pero las carencias sacadas a la luz por la pandemia debieran haber sido desafíos desde el primer día con prioridades identificadas y seguidas, de manera que, aunque en nuestro país las prioridades son masivas, hay prioridades sobre prioridades. Entre el personal médico ya hay 30 solicitudes de retiro en el Instituto Hondureño de Seguridad Social, cuya mayoría se amparará en la edad de jubilación, pero hay otra causa de sobra conocida.

De las enfermeras se podrá decir algo similar y es que el agotamiento individual, el temor por la vida y la protección de la familia justifican estas decisiones.

En justicia hay que valorar, sobre otros factores sociales, la entrega, esfuerzo y el alto costo humano en las personas del sector sanitario. Personal, por décadas y otro integrado en la emergencia con contratos temporales, al término de los cuales deben recibir plaza, como se le prometió. Pero con los enredos de Finanzas para ajustar presupuesto y otros galimatías se les va dando largo e, incluso, hay notificaciones de “hasta aquí”.

Agotado el personal sanitario y colapsados los hospitales, ¿quién podrá atendernos?