De raíz

La exigencia y aplicación de justicia de hechores y cómplices en el homicidio de la joven Keila Patricia en La Esperanza han de acompañarse con muchísimo más que comunicados, de acciones administrativas, más de los mismo, para depurar drásticamente la institución, en la que se habrá dado algún paso, pero falta mucho por hacer.

Claro que no debemos hablar de blanco y negro, como si en la solución de los problemas sociales hubiese una división nítida entre buenos y malos. Esa categorización peliculesca no debiera caber en la cabeza. Más que un trasnochado maniqueísmo, nuestra sociedad exige la alerta permanente que, en el caso de la Policía, necesita un organismo independiente, investigador minucioso del personal, agentes y oficiales en todas sus escalas, aglutinado en un único objetivo: asuntos internos.

Muy difícil, pero no imposible, y debiera ser mucho menos, pues las reformas emprendidas para fortalecer la seguridad de los ciudadanos y recuperar la confianza en la institución y sus miembros es una ruta emprendida hace unos años que ha dado algún resultado, ahí están los hechos, como también están las acciones, que exigen cortar de raíz para lograr metas y objetivos y no seguir experimentando sacudidas por abusos policiales.

En el adecentamiento policial no se deben cerrar los ojos ni un segundo, pues la tentación del poder, más respaldado en armas, es tan grande que oficiales y personal de escala básica delinquen al amparo de una autoridad que les fue proporcionada para defender a los ciudadanos, proteger la convivencia, vigilar la vigencia de los derechos y ayudar al cumplimiento de los deberes.

Puede parecer bonito, pero en ese gris, hoy más oscuro, las actitudes individuales y colectivas pasan por la credibilidad para alcanzar algún grado de confianza. La ruta seguida en la Policía ha dado su fruto, pero falta mucho más que recorrer, lo cual exige no dormir, no aferrarse a la satisfacción de lo alcanzado, sino a la permanente gestión, pues al menor parpadeo juegan la vuelta.

Ahora habrá que esperar la acción, no ya decisión porque llega tarde, de los operadores de justicia para que, con la consideración de todos los agravantes muchos y evidentes, apliquen la ley, como decíamos anteriormente, para que haya justicia, pero sin piedad ni paliativos, de manera que se dé una lección, pues si es irreparable lo hecho, la culpa es mayor por la autoridad confiada. Mucha gente dice qué “inocentes” quienes confían aún en el sistema, pero habrá que echar el resto, como dicen los jugadores de casino, sobre todo en la investigación, en los tribunales y en las instalaciones carcelarias para que la impartición de justicia sea ejemplar y no taparla…