Peligro en las redes

Sobre todo para la gente joven, las redes sociales son hoy el medio más utilizado para comunicarse y mantenerse informado. Desde muy temprana edad, hombres y mujeres crean sus perfiles en las distintas opciones existentes y destinan parte de su tiempo a dar a conocer sus acciones cotidianas, sus aspiraciones, sus alegrías y frustraciones.

Las redes se han convertido, también, en un recurso para conocer gente, en cualquier latitud del globo terráqueo, y para crear lazos de amistad. Como tantas otras cosas en la vida, las redes sociales en sí son inocuas, es decir, no son buenas ni malas. La bondad o la maldad de ellas reside en el fin con el que los usuarios las utilizan. Así, se han abierto posibilidades insospechadas hace algunos años para los emprendedores, para el comercio electrónico, para la promoción de productos y de ideas nobles, pero, también, se ha abierto una puerta grande para individuos mal intencionados, para el tráfico de personas, para la transmisión de maneras de pensar oscuras, ideas nocivas para el desarrollo de la personalidad o que inducen a conductas reprobables o contrarias a la convivencia sana y armónica.

La muerte, en los últimos días, de por lo menos tres jóvenes, que parecen haber sido contactados o citados por medio de las redes sociales, ha hecho sonar la alarma entre las familias y la sociedad entera. En el último de los casos conocidos, un adolescente fue a un centro comercial de la capital, en principio a conocer personalmente a una amiga virtual, no regresó a su casa de habitación y, varios días después de reportarse como desparecido, fue encontrado asesinado en una zona cercana al lugar de la supuesta cita. A raíz de este hecho se ha hecho memoria de otras situaciones similares acaecidas en el pasado cercano y cuyo denominador común ha sido que, tanto hombres como mujeres jóvenes, conocieron a través de las redes a personas con las que, luego de un tiempo, quedaron en verse para conocerse personalmente y luego aparecieron asesinados.

Claro está que, de ninguna manera, se pueden satanizar a las redes sociales ni a ningún otro medio electrónico de comunicación, menos ahora que es vital para el desarrollo de la vida laboral, académica y social, debido al confinamiento provocado por la pandemia. Sin embargo, hay que tomar conciencia de los cuidados que deben tomarse en el establecimiento de relaciones personales con gente que uno parece y cree conocer, pero cuyas intenciones no coinciden con las que aparentan en los distintos perfiles, muchos, por cierto, falsos. En este sentido, los padres de familia juegan un papel fundamental para hacer ver a sus hijos los peligros que los acechan cuando no se hace un uso adecuado de las redes sociales.