¿Generación perdida?

La frialdad de los números y las estadísticas desaparecen si nos atrevemos a ponerles rostros de niños y jóvenes que quedaron excluidos del sistema educativo el año anterior y que no se integrarán al nuevo ciclo escolar por causas ampliamente conocidas y que en nuestro país y en otros muchos están generando aceleradamente una “generación perdida”. Y no es para menos, aunque el discurso y agenda oficial traten de mostrar otra realidad.

Más de un millón de niños en nuestro país no ingresan al sistema educativo. La gravedad es aún mayor por la emergencia, por el paso obligado a la enseñanza virtual, al aula en casa con el maestro y los compañeros a la distancia. Las nuevas exigencias que para muchos podrían ser un mal menor se transforman en el gran muro donde se estrellan las escasas esperanzas, si no de mejorar, sí de no retroceder.

En la educación superior el camino casi es el mismo. El año pasado dejaron la universidad 60,000 jóvenes. A los obstáculos tradicionales se unió la pandemia que puso el punto final temporal para muchos de los muchachos, pero también empujó y fortaleció la educación a distancia, el uso de la tecnología, los programas virtuales y las redes sociales, con muchos riesgos, en las tareas didácticas.

El abandono de los estudios, no solo en tiempos de emergencia, es evidencia de los graves problemas sociales, laborales, seguridad, desempleo, todo ello conducente a mayor pobreza.

Para salir de la pobreza es necesario elevar sustancialmente el nivel educativo, pero para mejorar la educación será necesario disponer de recursos no solo presupuestarios, sino, sobre todo, de profesionales de la educación calificados y la ayuda de la familia en el avance de los hijos en los estudios.

El esquema tradicional, sumamente débil en el sistema público, enfrenta ahora el gran desafío que en lenguaje oficial se sintetiza: “Te queremos estudiando en casa”. Se ha salvado aquello de la documentación, filas, cupos con la matrícula automática a través de red, presentada como la gran solución, pero los maestros resienten la metodología rígida con programación detallada, carente no pocas veces de principios pedagógicos que incluyan la experiencia personal de mentores y alumnos. En un año atípico se inició el ciclo escolar que ojalá contribuya a revertir la dirección pesimista reflejada en el calificativo de “generación perdida”. Es necesario aumentar la matrícula, pero más, “inventar y reinventar” para evitar las deserciones tras los fiascos por los fallos de internet, por la soledad en casa, por las dificultades familiares en el pago de la red y tantos otros factores que afectarán el ánimo y la ilusión de los primeros días ante la pantalla, el celular y el teclado.