Cámara de Comercio

Cuando abrió el triaje para atender la emergencia sanitaria del coronavirus hubo aplausos y alabanzas por la iniciativa de la Cámara de Comercio e Industrias de Cortés (CCIC), que dispuso de sus instalaciones para estar, como debe ser, en la primera línea.

Y cómo no aplaudir esa acción que conectó con la angustia y la incertidumbre de los sampedranos, con las necesidades más apremiantes de sus agremiados, que encima de luchar contra el virus batallan todos los días para sostener sus empresas y tratar de frenar las cuantiosas pérdidas que les está dejando la crisis.

Pero ha sido un fiasco para quienes hemos creído en los valores de la Cámara de Comercio y nos hemos sentido orgullosos de su historia. Y es que, de acuerdo con informes periodísticos, la iniciativa de los directivos de la CCIC no era parte de su responsabilidad social, sino una transacción de lucro a costa de esta terrible pandemia, que nos está dejando una dolorosa huella de muerte.

La información de LA PRENSA señala —con documentos— que la CCIC no solo mantenía un cobro mensual de 1.1 millones de lempiras para sostener ese servicio, sino que había mostrado síntomas de codicia cuando han aumentado la renta a 2.3 millones.

¿Está en su derecho de cobrar? Sí, lo está. ¿Debió hacerlo? Estamos convencidos de que no. Y el mejor ejemplo lo ha dado el Colegio de Ingenieros, que fue el primer gremio que no dudó en facilitar sus instalaciones para ayudar a detener el contagio. En su edificio se atiende los siete días de la semana desde marzo.

César García, presidente de los ingenieros en la zona noroccidental, explicó que cuando inició la pandemia les solicitaron las instalaciones y ellos las cedieron para contribuir con la población. “Firmamos un documento con el Gobierno y ellos se hacen cargo de pagar los servicios básicos; pero nosotros no cobramos nada por el uso de las instalaciones porque es una manera de colaborar con el pueblo en una emergencia de esta naturaleza”.

Una lección para quienes abusan aprovechando la pandemia. La explicación de los directivos de la CCIC es que están cobrando para reponer ingresos y reparar instalaciones, lo que no parece una buena excusa en tiempos de desasosiego, cuando se requiere del compromiso incondicional y la guía de estas grandes asociaciones.

Históricamente, la Cámara siempre ha dado muestras de solidaridad en los momentos más duros de los hondureños. Siempre ha estado ahí al lado de la gente. Es una pena que actualmente, en estos que son los peores días, no sea el ejemplo a seguir y le dé la espalda al pueblo.