Más que política

Qué bonitas las palabras del presidente Donald Trump, en camino de salida, a las que solo les faltaron algunas lágrimas, pero en las que sobró absolutamente su comedia por irrespeto a las víctimas del asalto al Congreso enviadas y hasta empujadas por la retórica de un populista de derecha en poder que como los del otro lado “tiran la piedra y esconden la mano” en espera de otra oportunidad para repetir la acción.


Unas horas, unos al parecer simples días, muy complejos en la ruta seguida, concluyen con una explicación sencilla: retener el poder, aunque el mundo y el “mundillo” propio ardan, no de otra manera pueden interpretarse los hechos violentos en Washington y la “complicidad” de quien empujó y de quienes antes, durante y después mostraron flaqueza que, en situaciones menos graves con protagonistas diferentes hicieron uso de abusiva, prolongada y fiera fuerza.


Tras la calificación de intento de golpe, más que evidente, el vocablo democracia y restauración inundaron los discursos y las redes; pero la lección, claramente reflejada en los nefastos acontecimientos, es que la apelación e interpretación de la democracia no debe encerrarse en el ámbito político, utilizarse exclusivamente para llegar al poder.


Entre nosotros sobra y seguirá sobrando esta parcial, esquiva y perniciosa interpretación, pues la mira está en el poder, lo demás será “añadidura”, y así el centro del discurso electoral pasa, con gran disimulo, a la cuneta después de enero. Ganar las elecciones es un valor de la democracia, como fruto de la voluntad popular, pero está condicionado al respeto a la ley y a la funcionalidad y fortalecimiento de las instituciones.


Los hondureños estamos enfilados a expresar nuestra voluntad en las urnas durante este año, pero hemos de ir despojando de la podrida cáscara partidista donde anida la corrupción para proteger y fortalecer instituciones, estructuras estables a través de las cuales recuperar lo perdido, la confianza de los ciudadanos en caída libre que hemos de detener o, por lo menos, aminorar los daños.


La luz en el túnel es esperanzadora, pero es necesario un caminar firme y ligero, desde arriba, habitualmente exento de los sufrimientos y dificultades del ciudadano común como sucede en estos tiempos de emergencia. Que no olviden que antes que el Gobierno y la administración están los ciudadanos; si se margina a la mayoría y seguimos reduciendo la democracia al último domingo de noviembre, sobrará la hipocresía con lágrimas al hablar.