¡Vergüenza!

El calificativo de “vergüenza nacional” fue la reacción mayoritaria tanto en Estados Unidos como en numerosos países que vieron cómo la ambición de una persona y su desequilibrio puso en vilo a la nación con el asalto al Congreso tras la intervención en un mitin del derrotado y fracasado presidente Donald Trump para el que se ha llegado a pedir la acusación penal y su sustitución por el vicepresidente Mike Pence para los pocos días que le quedan a la administración republicana.

Las escenas de vandalismo con los partidarios de Trump asaltando el Capitolio no fueron improvisadas, sino una reacción a “la retórica sediciosa del presidente”, provocando el salto al Capitolio mientras representantes y senadores iniciaban el proceso para ratificar el triunfo de Joe Biden. Siembra vientos y recoge tempestades sintetiza la repudiable jornada vivida en la capital norteamericana que fue condenada hasta por líderes republicanos y colaboradores cercanos.

Por fin, tras meses de “desvarío”, un toque de cordura para “salvar los muebles”, no para reconocer la nefasta trayectoria de cuatro años, llegó en la superficial e interesada aceptación de los hechos y se escuchó no una felicitación al presidente electo ni el compromiso de participar en la toma de posesión, sino ante la desbandada de su gente prometió cooperar para un traspaso ordenado de poder, aunque la “rabieta” no ha terminado.

La nefasta jornada del miércoles estuvo precedida por el resultado de la doble elección de Georgia para el Senado con la penúltima bofetada para el cuestionado titular de la Casa Blanca tras las recibidas en los campos judicial y legal. Los demócratas así tienen 50 escaños en la Cámara Alta, empate con el grupo republicano, pero la balanza se inclina hacia los primeros con el voto de la vicepresidenta Kamala Harris, que decidirá los empates en las votaciones.

Como dice la sabiduría popular, “borrón y cuenta nueva”. Se inicia una cuenta nueva, pero el borrón no eliminará el pasado inmediato tanto en el Partido Republicano como en el pueblo norteamericano con un fraccionamiento profundo con origen en el populismo personalista que, ante el fracaso en alcanzar sus metas, seguirá intentando desacreditar la legalidad de la voluntad popular en las urnas.

“El trabajo de este momento y el de los próximos cuatro años tiene que ser la restauración de la democracia”, fue la reacción de presidente electo, Joe Biden, quien ha ido conformando su equipo de Gobierno. La mayoría demócrata en el Legislativo es posibilidad de mayor entendimiento y agilidad en los asuntos internos y en las relaciones internacionales, satanizadas por la administración en agonía.